Me retrato…un poco más realista

Después de meses sin escribir, habiendo asumido un compromiso con los lectores y seguidores de escribir una vez por semana, o dos, y no haber cumplido con ello, hoy me toca retratarme.

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Lo que este sitio me permite es poder retratarme como desee. Así que la elección de la forma de retomar este espacio de encuentro y reflexión, va a ser una que más que justificarme o pedir perdón por ello, permita tanto para mi como para ti, abordar este tema de una forma comprensiva. Y si llamo a este blog, Psicología para el Ser, empezar por el que yo soy en este momento me parece acertado.

Tengo claro que los meses anteriores de trabajo fueron duros. La creación de mi nuevo espacio de consulta, el trabajo de terapia, formación y tutoría de una formación Gestalt en Centro de Psicología Humanista Pañña (Santiago de Compostela) me impidieron dedicar tiempo a otras cosas que me gustan, por ejemplo mi huerto que este año decidí dar descanso. Diferentes trabajos y fines de semana fuera, viajes, y la elaboración de un documental que saldrá a la luz en breve, ocuparon el tiempo…En realidad el resto del tiempo procuré descansar que, como dice Urbano, un vecino del pueblo “para descansar también hace falta tiempo”. Esto fue lo que pasó realmente, y una vez más no intento que sea una justificación. Donde quiero llegar es a poder comprender las diferentes causas que me separaron de realizar algo que me gustaba hacer como era compartir mi experiencia a través de la palabra en este espacio.

Así que esta fue un poco de mi vida, por lo menos la que en parte, y creo que solamente en una pequeña parte, explica mi desaparición de este espacio.

Otra parte tiene que ver com el compromiso que hice conmigo mismo de escribir artículos que supusiesen una reflexión y por ello tendrían que ser extensos, incluir autores, ser biográficos, conectar con estudios recientes, etc. etc., y a lo largo de estos meses realmente no tuve ni el tiempo ni las ganas de escribir tan detalladamente de forma a transmitir un mensaje. Pero en esto hay una trampa que me he estado haciendo. Y la trampa tiene que ver con la exigencia que me estaba colocando por escribir de una manera, con las palabras y referencias concretas y ricas al mismo tiempo. Una exigencia que en realidad lo que estaba haciendo era que, incluso cuando intenté escribir algo para publicar, me estaba diciendo que eso no era suficiente, no era suficiente maduro, reflexionado, que era muy criticable, y que podría hacer que la calidad del blog bajase.

Y ESTO ES UNA LOCURA!!!!!!!

Estos son mis muros, mis obstáculos, los que me impiden ver una realidad más amplia. A esto volveré más adelante.

La otra gran parte de este abandono de este espacio tiene que ver con um modus operandi con el que convivo. En relación a este espacio sería algo así como que el acto de crear el blog me encantó, me daba mucha vida poder estar compartiendo mi conocimiento o experiencia, investigar, leer sobre temas relacionados con las cosas que ocurren en mi vida con la intención de profundizar en la misma existencia humana. Esto es para mi un subidón, esta curiosidad incesante que me atrae y me lleva de la mano. Pero lo que también me pasa es que en el momento en que veo (o más bien considero internamente que ya he cumplido) que ya hay diferentes temas interesantes en el blog, un número inesperado de seguidores y de visitas (vigilar esto era importante todos los días) feedback de personas importantes para mí, etc. me desinteresé del tema y lentamente allá me iba yo por el mismo camino que tantas veces he hecho de irme apartando de algo que creo porque el subidón ya no es tan grande. Y esto solo tiene un nombre – adicción. Puedo decir que aunque no me inyecte heroína, en mi estaba presente esta obsesión de seguir colgando artículos, de revisar los estudios publicados, de revisar el número de visitas, pero llegó un momento en que eso ya no daba el subidón suficiente. Así que surgió el desinterés. Hasta la semana pasada. Cuando realmente me di cuenta de todo esto que me estaba haciendo actuar de una manera concreta, y al mismo tiempo descuidar un espacio mío que comparto con otras personas.

Así que no es que no tuviera tiempo, no es que no tuviera el subidón como antes, no es que me exigiese demasiado, sino que fueron estos tres aspectos los que me hicieron dejar de responder al compromiso que había hecho. Y con esto no quiero seguir siendo exigente conmigo o fustigarme por ello. Pero si ser comprensivo conmigo y con este proceso que está dentro de mi y seguramente seguirá hasta que me muera.

La cuestión que creo que puedo hacerme aquí, una que es tan clara cuando la hago a las personas que acuden a la consulta o en los grupos con los que trabajo, es ¿donde estoy yo forzando la máquina que me hace volverme rígido conmigo mismo para al final maltratarme al decir que no soy suficiente o lo que hago no es suficiente?

Y para responder una de las cosas que puedo hacer es reformular mi planteamiento y ser honesto conmigo que es la única forma de ser honesto con los que por aquí pasáis.

Para ello necesito flexibilizar mi postura conmigo mismo, y así poder ver otras formas de compartir. Queda claro que esa visión estrecha de tener que escribir artículos de tal y tal manera no me funciona, por lo menos a largo plazo. Y esto toca el tema de poder asumir y aceptar un límite que tengo, que no tengo la paciencia, ni la facilidad de escribir dos veces por semana. Puedo asumir el compromiso de escribir dos veces al mes. Con esto estoy cómodo.

Puedo también flexibilizar mi ataque diciéndome que “no es que seas un mentiroso o un vago, sino que la expectativa de escribir de x manera y cada x tiempo, está muy por encima de la realidad. Seguramente esto me puede ayudar a ver cuál es la necesidad que está debajo de esta exigencia y ver si es una necesidad real o es un mandato impuesto. Seguro que la necesidad pasa por que tu al leer lo que escribo termines diciendo “guau!!! que bien escribe” “que exposición más inteligente” y un largo etc. tan egóico que solamente grita “MIRÁDME”. Y así, como tantas veces he aprendido con Ramiro Díaz, el director y terapeuta de la escuela Pañña, poder cuidar al ser que está gritando continuamente y desconsoladamente.

Es increíble como estos gritos están presentes en todos nosotros y como estos gritos se traducen en tantas expresiones, acciones, miradas, palabras y gestos en tantos ámbitos de nuestra vida.

Creo realmente en lo que escuchaba esta mañana a Gabor Maté sobre los cuatro niveles de compasión. El primero, más natural y humano, el que de alguna manera la gran mayoría de nosotros somos capaces de sentir – cuando vemos a alguien sufrir, deseamos que no sufra. El segundo nivel, más profundo, Maté lo llama la compasión de la comprensión que tiene que ver con que no solo sentimos que el otro esté pasando un momento de dolor pero además nos preocupamos por saber que le pasa realmente. Este es un paso que la mayoría de los políticos, educadores e incluso médicos no se preocupan en dar. Seguramente porque no quieren ni siquiera oler el dolor que está dentro de ellos. El tercer nivel, el de la compasión de la identificación, cuando uno realmente se da cuenta de que la otra persona no es sustancialmente diferente de nosotros, que solamente elige un determinado camino para manejar su dolor, los mismos dolores expresados de diferente manera. Y el cuarto nivel, el de la compasión de la posibilidad, donde según Maté la palabra recuperación (personal/médica) entra en juego, cuando uno recupera uno encuentra. Entonces ¿que encuentra una persona que recupera? Se encuentra a ella misma, lo que también significa que esa  persona nunca perdió su self sino que solamente perdió contacto consigo misma. Y esta es la gran pérdida en nuestra vida. No tanto el dolor que pasamos, abandono o abuso, sino que eso hizo que perdiésemos contacto con nosotros mismos. Y es esto lo que hace que continuamente estemos llenando ese vacío con algo de fuera.

Así que el tema es de que SI es posible recuperar nuestra vida, ajustarme a ella tal como es, y SI esto se consigue por asumir verdadera y amorosa responsabilidad sobre el proceso de vida que transitamos.

Dicho esto, al retratarme puedo también encontrarme, atender a mi verdadera necesidad y ser más amoroso, menos exigente conmigo. Puedo ser más realista con lo que quiero hacer y con lo que deseo hacer. Al retratarme aquí buscó dos cosas: una, la de ser honesto con los que seguís este blog y que sepáis que podéis esperar de mi. Y dos, abrir otra puerta para ser honesto y tolerante conmigo. Es curioso que las multinacionales tienen instaurados sistemas de reevaluación continuos para garantizar el bienestar y la producción pero el sistema educativo o médico no lo tiene de forma a dar una respuesta a las necesidades presentes de las personas…pero esto sería un tema muy diferente.

Termino concretando. Escribiré dos veces al mes, artículos de todo tipo, con significado dentro del tema que aquí se trata y también el subidón que sienta al seguir cuidando este espacio lo voy a disfrutar más lentamente.

Salud a todos/as.

Como bombón un vídeo del Dr Gabor Maté en las Ted Talk

El poder de la adicción y la adicción al poder. TEDxRio+20

Seguridad Absoluta

cartel seguridad

¿Qué es seguridad? ¿Qué es sentirse seguro? ¿Es posible alcanzar una seguridad absoluta? ¿Es algo que se consigue de forma individual?

Estas son algunas de las preguntas que intentaremos responder en la charla del próximo jueves en el Coherencia Ecobar.

Y lo planteo así por la sensación tanto personal como en mi labor profesional como psicoterapeuta de que este elemento, la seguridad psicológica, está en la base de nuestro hacer. Tal vez, en una base más profunda, detrás de esta sensación o estado se encuentra el miedo, a la inseguridad, a la incertidumbre. Pero ¿qué es lo que hacemos para nutrir ese estado de inseguridad, qué contradicciones existen que nos apartan más y más de sentirnos seguros?

Creo que muchas cosas que diferentes autores han puesto de relieve a lo largo de los años como el afán de control, la rigidez, la falta de escucha, la falta de profundo cuidado y de amor, el apego, la atención plena, crean y mantienen este estado de inseguridad. Cuanto mayor el control mayor la inseguridad, sea esta percibida o no.

Tocaremos un tema que ya abordé en otro post como La defensa de la ceguera I y II explorando de lo individual a lo social esta forma de actuar que podemos observar en todas las partes del mundo y que siguen siendo causa y generadores de sufrimiento, angustia, miedo o inseguridad.

Por último espero poder aportar algo sobre lo que se puede “hacer” o “no hacer” para recuperar esta seguridad permanente que buscamos a veces tan desesperadamente.

Y no siento que tenga muchas respuestas definitivas o iluminadas para dar, más bien, como en la charla anterior a través del debate y preguntas que surgieron, tengo el deseo de que a través de escucharnos podamos construir un conocimiento compartido.

Así que os animo a participar en este café-tertulia del próximo jueves a las 20h en Coherencia Ecobar.

Retomarse o no retomarse, esa es la cuestión.

Por circunstancias de la vida, sin que uno se de cuenta, a veces nos dejamos llevar por todo lo que ocurre, lo que necesitan nuestros hijos, lo que ocurre con nuestras parejas, padres, hermanos, con alguna situación de conflicto, de tensión, de agobio. Nos dejamos arrastrar y tantas veces ya ni siquiera nos acordamos de que somos nosotros los que estamos viviendo esa situación. Más difícil se hace retomarse a uno mismo cuando, ante toda la tensión que existe en nuestra vida, nos distraemos de forma a ya ni siquiera querer ver todo eso, como congelando esa parte de nuestra vida y seguir adelante.

agitada vida

Esto mismo es un proceso de adaptación, en parte necesario en algunas situaciones, pero que conlleva también el riesgo de que ese congelamiento se expanda hacia nosotros mismos, enfriando todo, olvidando todo, obviando todo.

Una de las formas más antiguas de observar este mismo proceso y de recuperarnos en toda la agitación es la meditación.

A través de ella nos es posible parar. Hacer un alto en el camino y volver a observar, a sentir, a escuchar, desde ese centro que poseemos todos, único e irrepetible. Retomar este lugar, nuestro por derecho crea una perspectiva mucho más amplia de todo eso que nos ocurre, que nos detiene en nuestro camino.

Retomar este lugar puede que sea la única manera de dar valor a nuestra individualidad y por ende a todas las demás individualidades, tomarnos en cuenta con un sano egoísmo y así poder ver al otro realizando su trayecto con su sano egoísmo.

Si podemos retomar el contacto con nuestro centro, algo ocurre. Tal vez uno se asuste ante tanta libertad. Tal vez uno se haga pequeño ante la ausencia de confusión y claridad en lo que quiere. Un mundo entero se desvela cuando uno puede observar y observarse desde ese centro. Y hay consecuencias en esto porque uno ve por donde quiere ir en su vida pero también ve como a los demás no les gusta esa decisión, uno se da cuenta de aquello que lleva tanto tiempo haciendo, toda una vida quizás, y que ya no vale en este momento. Todo do se convierte en movimiento. Y según las más antiguas tradiciones fue el movimiento el que dio lugar a la vida y también sea este movimiento el que hace que ese paquete congelado al que habíamos catalogado de “no vida” ya no más pueda permanecer sólido. Cuando uno se hace cargo de si mismo desde su centro algo se ablanda y uno puede volver a ser, uno se da cuenta de todas las posibilidades que se estaba negando, obligándose a la ceguera para seguir responsabilizando de todo a su gobierno, a su madre o padre, a su jefe y a su Dios.

Cuando uno se puede retomar desde su centro, se da cuenta de que todos ellos están presentes, influyen pero no son decisivos. Uno se da cuenta de que tiene poder, un poder sano de hacer con su vida una bella obra de arte, de crear su vida, de mirar toda la agitación desde un lugar bien asentado, inquebrantable. Desde un lugar de esperanza donde la ilusión y el instinto dejan de ser cosas de niños y pasan a ser combustible de adultos.

Os dejo con una meditación de Claudio Naranjo. Un momento para parar, observar, sentir y escuchar.

Despertando lo mejor de uno

Hace unos días ayudé a Reme Remedios en la preparación de la exposición que titula “Relicarios del acto creador”. Además de ser una exposición que me encanta tanto por donde surgen las diferentes obras, por las obras mismas, como por el espacio tan acogedor que es la galería iskoö en Lugo, mi intención de traer esta exposición a esta entrada del blog se resume en una de las frases con la que la artista desvela la obra.

Reme

Confianza total en el acto creador: FE”

¿Y que nos aporta la fe? ¿donde nos lleva la fe?

Si por un lado creo que responder a estas preguntas hace que el misterio mismo de la fe se desvanezca en la racionalidad, perdiendo su encanto, si considero que algo que aporta es la elevación del ser, de uno mismo, a una dimensión de pura dedicación y entrega. No aporta un resultado sino una forma de estar.
Es una pena que el uso de esta palabra esté tan asociado a las diferentes iglesias del mundo, lo que puede en un primer momento rechazarla. Pero parece que está claro que antes de que existiesen iglesias ya la humanidad sentía fe. Es una característica humana más que algo construido. Estamos dotados de una semilla que cuando germina, nos hace estar en contacto con algo que va más allá de nuestra piel.

Lo que también me parece es que la fe es en si misma perezosa en el sentido de que no está presente sin más. Se asemeja a una flor delicada que necesita ser cuidada, acogida y nutrida para expandir su aroma único.

¿Porqué me dio para hablar de la fe?

Por todo lo que veo en estos días a mi alrededor, en mi trabajo, en mi, en mis relaciones, en el mundo. Y lo que veo es el camino que surge cuando uno deja de lado la creencia en la pura dedicación y entrega a uno mismo. Tengo la sensación de que uno se termina perdiendo tarde o temprano porque ¿si no creo en mi, en que estoy creyendo? Tal vez en lo que me dicen, en lo que me dijeron, en lo que dicen en la tele o lo que dice un libro o un sabio, pero sin dejarme escuchar como resuenan esas palabras en mi. Sería más bien una fe ciega en que lo que dicen es la verdad y no se cuestiona, igual que lo hace un niño en sus primeros años de vida con sus padres. Una fe infantil.

Pero uno va madurando a lo largo de la vida y es verdad que cuando las cosas se tuercen, cuando nos damos cuenta de que lo que ocurre no se ajusta a uno como un zapato apretado, uno tiene la posibilidad de cuestionarse que es lo que yo quiero o que es lo que yo me digo que quiero. Son estos momentos de parar los que producen una recuperación de la impecabilidad de uno mismo, tomarme en serio de una vez y tener fe en que eso que quiero es importante para mi. Tener fe en que eso que quiero, sin saber donde me llevará, en este momento es importante.

El acto creador del que habla Reme Remedios está presente en todo el momento y solo necesita dedicación y entrega para hacerse visible o hacerse “sentible”.

Y es cuando las cosas más se tuercen cuando esta elección queda más obvia. O uno se entrega a la distracción y la dependencia o uno se entrega a la sabiduría que ya tiene y confía en que es posible crear lo que uno desea para si mismo.

Y es muy normal observar como los propios obstáculos que nos impiden despertar la fe en uno mismo, están en nosotros, viven en nosotros. Poder contactar con ellos, ver para que nos sirven y poder atravesarlos o usarlos más a nuestro favor, es lo que se busca en el espacio terapéutico.

Un pez lo último que diría es que vive en el agua”, pues está constantemente presente. Lo mismo nos pasa. Porque estamos constantemente conviviendo desde una forma propia de observar el mundo, nos es muy difícil darnos cuenta de las trampas que nos vamos poniendo. Es un trabajo por veces arduo pero sin duda uno a través del cual “el dolor transitado se convierte en sabiduría esperanzadora” – Claudio Naranjo.

Un camino personal de fe, en el que podemos ser creadores de una vida menos fantaseada y más creíble, en la que cultivar paz dentro de nuestro mundo.

El abandono inevitable

Este es un pequeño adelanto de la charla que haré el 5 de noviembre a las 20 horas en el Ecobar Coherencia en Ponferrada. Espero que podáis asistir y que sea un debate ferviente y discusiones acaloradas para que todos salgamos ganando. El evento será gratuito y abierto.

abandon

Con el título me refiero a la inevitabilidad de que en algún momento de nuestra vida infantil, sufrimos el abandono. Durante los 3 primeros años de vida suponer que tanto padres como madres están totalmente presentes para todo lo que necesitamos, es suponer e incluso esperar lo imposible. No porque se trate de que los padres son malos. Se trata de que esta idea de estar presente todo el tiempo para el otro no pasa de una trágica exigencia que tiene como único fin la frustración.

El abandono de por si no es algo malo. Si tiene consecuencias más dañinas en el momento en que se prolonga en el tiempo, pero un abandono “sano” ayuda incluso a que el bebé despierte recursos que no estaban presentes y una vez que la madre o quien realice esta función de madre, vuelve en un espacio de tiempo para junto del bebé, este va desarrollando una confianza que le permite estar tranquilo mientras está solo.

Creo que como en tantas otras cosas, cuando nos ponemos la exigencia de ser perfectos, de no hacer lo que nos hicieron, de cumplir con las expectativas de un mandato social o incluso literario, es cuando empezamos la gran caminata que lleva al desgaste y a la frustración constante porque simplemente es imposible que seamos así de perfectos cuando somos básicamente neuróticos.

Como dice Olga de Miguel “lo que nos hacen, me lo hago y lo que me hago, hago en mis relaciones”. Si algo admiré del trabajo que compartí con ella fue la forma como ella con un alfiler sutil iba explotando los globos de ilusiones e ideas narcisistas que tantas y tantas veces solo nos devuelven juicios hacia nosotros mismos del tipo “no lo he hecho bien”, “no lo he hecho como me decían”, “me he vuelto a equivocar”, “que mala madre soy”, “que mal padre soy”, etc. Son frases que lejos de ser oportunidades para la comprensión de uno mismo a lo que llevan es al continuo machaque de nuestro ser, que se fustiga en un callejón sin salida sin nunca siquiera plantearse darse la vuelta y mirar otras salidas.

“Tal vez no podamos cambiar la realidad del abandono pero si la violencia del abandono”

Todo esto supone un desgaste enorme en las parejas. En el momento que en un espacio terapéutico estas pueden abrirse a comprender de forma más profunda su forma de actuar y pensar, entonces se abre una nueva puerta, que no implica directamente la resolución de nada, pero si una reconciliación con uno mismo, un abrazo a uno mismo, un alivio cuando uno se da cuenta de que no puede ser perfecto y es efectivamente humano con sus limitaciones. Es aquí cuando uno descansa y, en vez de querer transformar al otro, sea este pareja o hijo, uno acepta también las limitaciones del otro y se dispone a ser compañero de viaje.

La dificultad normalizada

Nos acostumbramos al dolor que sentimos y el sufrimiento se hace crónico. Y podemos seguir así toda una vida. Tirando para adelante.

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Esto es algo que he podido comprobar en mi piel. Saber claramente que algo no estaba en su lugar, algo me estaba impidiendo de ser más honesto o verdadero y seguir adelante, no parar porque la resolución del problema estaba allá, más adelante en el tiempo, así que había que seguir adelante. Años después me daba cuenta y me preguntaba ¿como era posible que no hubiese pedido ayuda? Primero porque creo que me había acostumbrado al sufrimiento, a organizar mi vida en función de las dificultades que sentía y a no confiar que otras posibilidades estaban presentes delante de mis ojos. Frustración, ansiedad y dolor se hicieron compañeros de vida en aquel entonces.

¿Qué fue entonces lo que produjo el cambio?

Sin duda haber sido acompañado e instruido sobre la imperiosa necesidad de parar. Más que tirar para adelante, lo que se hizo evidente fue la necesidad de parar. Y esta puede que sea una de las labores principales de los que nos entregamos a un trabajo de ayuda – proporcionar un espacio donde hay y se cultiva la seguridad para parar.

Creo que este acto de detenernos conscientemente para observar sin juicio donde estamos, lo que hacemos y lo que realmente queremos, es de por si sanador. Es un acto meditativo a través del cual nos permitimos dar espacio a lo que surge. Tanto si es parálisis, ansiedad, miedo, risa, grito, expansión o contracción, damos lugar a que tenga su espacio.

En psicología Gestalt, Fritz Perls hablaba de la autorregulación organísmica. Con este término se refería a que si uno para de hacer y hacer, el cuerpo por si mismo encuentra la forma de regularse, de reequilibrarse. Decía “está atento a todo lo que te pase y no frenes nada de lo que surge. Deja que tu espontaneidad brote sin frenos”. Se trata de recuperar la sabiduría instintiva del cuerpo que somos y que se encuentra de alguna manera encerrada ante todo lo que creemos que es correcto, lo que debe ser, las normas, lo correcto y lo educado. Curioso que tantas veces lo educado es no ser honesto.

Nos volvemos dependientes de todas estas ideas, apariencias, conceptos e incluso personas, creyendo que no somos capaces de hacerlo de otra forma. Nos atascamos y vamos reduciendo nuestras posibilidades de desarrollo, aprendizaje y crecimiento por haber leído un libro que dice tal cosa, por miedo a lo que pueda ocurrir si dejamos de hacer lo que llevamos haciendo años. En definitiva nos entregamos a lo de fuera para que comande nuestra vida.

Parece que la gran dificultad es la de escucharnos verdaderamente y actuar en función de lo que sentimos o necesitamos. Cuando esto ocurre en terapia puedo observar como la persona se expande e incluso los síntomas más graves de ansiedad, depresión, adicciones o trastornos de alimentación cobran una nueva perspectiva. Y no se puede tener perspectiva si uno no se para para ver. Cuando esto ocurre, observar un mapa más completo de la situación, permite clarificar por ejemplo, que los ataques de ansiedad de una hija están debidos en gran medida a la rigidez de la educación y que produce un miedo incontrolable e inconsciente. La respuesta más común es la medicación independientemente de si se tiene 12 o 40 años o de la situación que atraviesa la persona. Y no es que tenga nada en contra de la medicación. Creo que pueden ser de buena ayuda en determinadas situaciones e incluso necesaria. Y creo que cada uno debe decidir como quiere afrontar la situación que tiene entre manos. Otra cosa es cuestionar si la necesidad inmediata de medicación está debida a una incapacidad de la sociedad de tolerar y acompañar la dificultad de una persona por lo que es más socialmente aceptable que deje de sentir y sentirse a que exprese su rabia. Un artículo que lo expresa claramente lo podéis leer aquí – “Colgados de los Ansiolíticos

Como canta Ben Harper “welcome to the cruel world…”.

Lo que si es real es que delante de nosotros existen al día de hoy muchas formas de ayuda, profesionales conscientes de su labor, técnicas y formas múltiples para favorecer el lado humano que cada uno tenemos y, al final, poder sentirnos merecedores de vivir una vida rica, plena y autentica. Una decisión que cabe a cada uno tomarla.

Actualización necesaria

 

Desde la Gestalt el término “actualización” es utilizado para referirse al acto de renovar las ideas, acciones e incluso formas de sentir. Tal como en los ordenadores, también nuestros sistemas de procesamiento se vuelven obsoletos a lo largo de la vida. Y es fácil de observar esto cuando se sigue, por ejemplo, pidiendo a los 30 años lo que pedíamos a los 2 años. Cuando no existe la actualización se perpetúa la necesidad no cubierta, y lo que no nos dieron nuestros primeros cuidadores lo seguimos pidiendo e incluso exigiendo en nuestras actuales relaciones, a nuestros amigos o parejas. Se crean así los adolescentes de 40 años o los niños o niñas eternos/as.

Perls

Fritz Perls

En esto, más que hacer una crítica, creo que es importante ver que detrás de esa forma de hacer desactualizada, reside un ser dolorido, carente y que, por las diferentes situaciones de la vida, no pudo madurar. Sobre esto, Fritz Perls, uno de los máximos referentes y creador de la Terapia Gestalt, decía que madurar era el acto en el que uno pasa del apoyo externo al auto-apoyo. Es decir, uno pasa de estar necesitado y dependiente del exterior para cubrir sus necesidades, a ser consciente de su verdadera necesidad y a poder satisfacerla por si mismo. Para él, la neurosis sería un síntoma de una maduración incompleta. Y cuando no existe maduración en las diferentes etapas de la vida sin duda uno sigue arrastrando situaciones, normalmente con gran carga emocional, no resueltas, o por lo menos que en la actualidad carecen de una resolución sana.

Ante esto creo que queda claro, como decía antes, que detrás del pedido continuo existe un ser, un niño o una niña que no recibió lo que necesitaba, fue ignorado o desatendido, causando esto en él o ella una marca, una herida. Inevitablemente todos pasamos por esto, pero, con el paso de los años, en edad adolescente y adulta, entra en juego un aspecto que es el que realmente nos puede sacar del atolladero. La responsabilidad. Perls decía que los hombres debían tomar la responsabilidad de su existencia por su propia cuenta. En el momento en que no lo hacemos entregamos nuestra vida a los demás, a nuestro pasado, a nuestro futuro. Al hacernos responsables de nuestra forma de actuar, pensar y sentir podemos recuperar el poder de tener mano en nuestra vida, de cuidarnos donde no fuimos cuidados, de arroparnos, de alimentarnos ante la sequía existencial que supuso la falta del cuidado que necesitamos. Y no estoy culpando a nadie de esto. No existen culpables. Los que no respondieron al pedido del niño posiblemente no supieron como hacerlo, tal vez incluso no les fue dado, cuando niños, eso mismo que ahora les es pedido. Y se trata de cosas tan enormes como haber recibido un abrazo sincero para el alivio o la protección. Una mirada o un gesto de amor, comprensión y respeto cuando la ansiedad, el miedo o la rabia se apoderaban de uno. No hay culpables. Hay gente que se hace responsable de su vida y los que piden y piden ignorantes de lo que están realmente pidiendo.

Hacerse responsable de la vida para actualizar lo que necesita ser actualizado, implica un compromiso claro con uno mismo, casi como una batalla en la que de antemano sabemos que habrá sufrimiento y también una victoria segura. Perls sobre esto, en su forma tan clara de expresarse que rozaba el rechazo decía sobre esto que “el ser humano vivía para lo que era correcto, sin importarle si realmente quería… el ser humano se ha tornado fóbico al dolor y el sufrimiento, evitando lo que no es divertido y agradable, escapando de la frustración. El resultado de este proceder es la falta de crecimiento. Enfrentar la frustración y el dolor lleva a un sufrimiento realista, acompañado de un crecimiento.

¿Qué pasaría si realmente supiéramos que tenemos esta oportunidad? ¿La cogeríamos? ¿Qué pasaría si de forma tajante nos diésemos la mano a nosotros mismos para sacarnos del ciclo sin salida de sufrimiento y así no repetirlo más? ¿Qué pasaría si nos mirásemos a los ojos para vernos de verdad y llamar cada cosa por su nombre?

Nuestra actualización está a un click de nuestras manos.

Este es el acompañamiento que realizo en el espacio terapéutico como tantos otros terapeutas, el mismo que recibo de los maestros que me acompañaron y acompañan. Un acompañamiento sin juicio que permite ver el dolor detrás de la resistencia o de la ansiedad que no son más que gritos de ayuda. Un acompañamiento para dar la mano y, por respeto, ser todo lo honesto que puedo con quien tengo delante. Y cómo decía también Perls en la oración de hacer Gestalt “…si en algún momento o en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse…”

Oración Gestalt completa:

“Yo soy Yo                                                                                                                                                                         Tú eres Tú
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
Será maravilloso
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a Mí mismo
Cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a Ti
Cuando intento que seas como yo quiero
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.”

En terapia ¿Qué ocurre?

sillas terapia

Que, por un momento, en un espacio donde no están ninguno de tus conocidos, familiares, compañeros de trabajo o amigos, puedas ponerte en primer lugar, y desde una posición más elevada (no tanto físicamente sino más bien conscientemente) puedas observar qué estás haciendo que no te lleva a donde quieres estar (más cerca de los demás, más tranquilo/a o menos ansiosa/o, o con menos miedo, etc.). Y es que lo que hacemos siempre se convierte en normalidad y, a los ojos de la consciencia, se convierte en ceguera. Por ello el espacio terapéutico, entre otras cosas, te ofrece la oportunidad de tener una observación más completa de tu situación al mismo tiempo que un profesional te aporta una visión de lo que haces de más o haces de menos, el efecto que tiene en tu ánimo, en tu salud, etc.

Y la gran mayoría de las veces no hace falta preguntar por lo que uno tiene que hacer. Uno lo descubre por si mismo al ver que está pasando, qué está haciendo o cómo lo está haciendo.

A veces les digo a mis clientes que lo más fácil para mi sería darles una lista de mandamientos para que su situación vaya a mejor. Pero también les digo – “Es que yo no lo sé!”. Y, más allá de ver que hay cosas que la persona está limitando sus respuestas ante la vida y dándose más o menos conscientemente contra la misma pared, si hago este trabajo es por una confianza en que cualquier persona, con el acompañamiento dedicado y profesional, puede redescubrir la confianza en si misma, que existe esperanza en uno mismo para crear una vida más vívida. Y esto requiere, como en todo en la vida, un compromiso hacia uno mismo para aprender, observar, escuchar y practicar.

¿Qué se hace a veces inevitable en terapia?

Que este proceso de avanzar hacia un estado más sano de nuestro ser, implica muchas veces atravesar por el dolor, por la frustración, por el bloqueo, por el miedo y la ansiedad de “no saber”, por la carencia real que uno ha vivido en su vida y las consecuencias que tuvieron y tienen en la actualidad. Y este es un proceso que duele…pero pude doler menos o, este dolor puede tener menos influencia en nuestra vida.

Y no se trata de un proceso masoquista, sino que es un proceso de limpieza, de recolocar lo que se desorganizó y que hemos guardado en la habitación del fondo que seguimos intentando mantener cerrada. Es un proceso en el que uno puede llegar a tener la experiencia de que no es esa historia dolorosa o de dificultades. Uno es más que eso. Hay otras posibilidades por explorar. Y es precisamente toda la fuerza que hacemos por mantener esa historia dolorosa escondida, la que nos hace estar condicionados por ella en la forma como nos relacionamos con los demás, en la forma de tenernos en cuenta a la hora de cuidarnos, en la forma de tratar a los hijos o a los padres, en la forma de buscar o valorizar nuestro trabajo o pareja…en la forma como vemos la vida. Pero es la forma. Poco a poco, con el paso del tiempo vamos quedándonos solamente con una forma, la que consideramos única y que nos atrapa, con la que nos identificamos y defendemos a muerte, y a partir de la cual juzgamos las demás formas.

Hoy escuchaba una ponencia de Alfonso Alcántara que decía: “Estamos muy pendientes de criticar el objetivo de los demás en vez de perseguir el nuestro.”

Se puede decir que el proceso de terapia es en una gran parte un proceso de tolerancia hacia uno mismo y hacia los demás. Y la tolerancia genera expansión. Expansión de la visión de uno mismo, de nuestros límites y capacidades, de nuestra percepción. Expansión de nuestras formas más o menos limitadas que nos impiden el crecimiento.

Y la expansión genera respeto. Respeto por el valor de lo que hacemos y de lo que hacen los demás. Respeto por el lugar de cada uno. Respeto por mi lugar en esta vida.

La realidad está clara. Dentro de 100 años ninguno de nosotros estará aquí. Posiblemente nadie se acuerde de nosotros y seamos (si la cosa no ha ido tan mal) una foto en una estantería. Así que, ¿no tenemos el derecho de buscar una vida con menos sufrimiento, una vida más vívida? ¿No tenemos el derecho a soñar y a buscar ese sueño?

La terapia es sin duda un apoyo en este proceso de resolución de conflictos o de crecimiento cuando, tan conocidos por todos y todas, la vida nos da los inevitables meneos.