¿Para qué un proceso personal?

El inicio de terapia es un momento delicado para la persona que solicita ayuda. Es un momento en el que uno se decide a hacer un proceso personal por muy variadas razones, pero que en esencia, la persona siente que le falta apoyo para hacer frente a la dificultad que emerge.

Sala de consulta

Así que ¿que le digo a alguien en un primer momento?

Le digo que se tome este espacio de terapia como uno que está construyendo en su vida. Y la invito a que también contemple este espacio como uno que la puede ayudar a entender, a comprender la situación que atraviesa y a redescubrir los recursos que tiene para afrontarla, para al final estar en paz, que no es lo mismo que estar todo el rato tranquilo.

Que no es que la vida se convierta en un camino de rosas sino que uno aprende a ser capaz de afrontar las dificultades con un poco menos de soledad, un poco menos de aislamiento, con un poco más de auto-apoyo, sabiendo pedir un poco más, dejarse acercar a personas que le aportan en relación a su necesidad y a apartarse un poco más de esas situaciones que, veo últimamente que se empiezan a llamar “tóxicas” cuando, en realidad, son las situaciones que nos hacen preguntarnos las cuestiones más relevantes en la vida:

¿Quiero esto? O ¿no quiero esto? O ¿Ante esto, que hago, como lo hago? Y uno aprende en su proceso terapéutico a hacerlo sobretodo de una forma que sea menos dañina para uno mismo, con un poco más de cuidado hacia nosotros. Y ante este respeto que uno aprende a tener por si mismo, da lugar al respeto por el otro, a poder comprender al otro, por reconocer que uno también ha pasado por situaciones similares, dificultades similares.

Nos encontramos en vida y nos reconocemos afines.

Las personas que vienen a terapia vienen en su búsqueda personal ya de por si. Son personas que quieren seguir buscando y en su trayectoria uno, como terapeuta, surge para ser acompañante de su búsqueda.

Para terminar, os invito a participar en la charla ¿Para qué hacer un proceso personal? que realizaré el próximo 18 de enero a las 20.15h en DOSMILVACAS_Ponferrada.  En ella abordaré con más detalle estos aspectos así como aclarar la visión y la dirección de la terapia Gestalt en el acompañamiento terapéutico.

 

Firme Determinación Humilde

Desde el trabajo con los padres, varios autores describen como estos, cuando acuden a terapia solicitando ayuda para sus hijos, buscan a alguien que los arreglen, que les realicen una puesta a punto. Lo que ocurre en su demanda es una descripción de los comportamientos que los padres ya no consiguen manejar o mantenerse lo suficientemente tolerantes para acompañarlos.

Claro que el momento en el que acuden en busca de ayuda, es uno de mucha indefensión e impotencia, pero resulta curioso que la forma de abordar el tema es a través de la queja y la culpa con la que se crea una pasta difícil de manejar. Me explico.

Buscando la raíz etimológica de “queja”, encontramos que es una forma de expresión de dolor, pena con raíz en quassare (golpear violentamente) y en kwet (sacudir). La raíz de “culpa” viene del latín significando falta, imputación.

Lo que ocurre es que estos dos términos se entremezclan en nuestro discurso cotidiano y esto, como no puede dejar de ser, se muestra en las demandas de las personas que acuden a terapia. Lo que veo que ocurre es que ante la necesidad de ayuda, se nos mezcla tanto el dolor como la acusación y, con este coctail molotov, podemos ir incendiando cada vez más las relaciones complicadas que tenemos.

Los padres y madres (y los pacientes que acuden por una dificultad en una relación con otra persona) se quejan de que el hijo (o la persona con la que existe un conflicto) no hace determinada cosa (deberes, charlar, motivarse, etc.), o hace algo muchas más veces que lo que ellos esperarían (discuten, gritan, faltan a clase, están todo el día con el móbil, etc.). Con esto expresan su queja con un alto grado de culpabilización de la otra persona.

Aquí sorprende la raíz indo-europea – kwet – que da una señal de como la queja nos ayuda a sacudirnos de algo. Parece que como somos los únicos animales que no nos sacudimos, esta es una forma de hacerlo.

Pero ¿sacudirnos de qué?

Tal vez de la responsabilidad que tenemos dentro de la relación conflictiva en cuestión. Pero es curioso que al sacudirnos de esto, también terminamos en una situación de mucha impotencia, una vez que al sacudirnos de la responsabilidad, tampoco hay más vías o alternativas a explorar sino que solamente cabe la posibilidad de apuntar el dedo, decir que lo que el otro tiene es un defecto y así resolvemos la situación. Puede ser la única forma de retomar el control de la dificultad que tenemos entre manos, eso si, un control ciego, reduccionista y, en su uso continuado, perverso.

Creo que todo el mundo tiene derecho a quejarse y a culpar a quien entienda. Creo también que a veces existen relaciones tan tóxicas que no hay posibilidad de reconciliación o acercamiento. Pero quejarse culpando solamente hace que no podamos acceder al dolor que nos produce tal situación ni tampoco considerar la responsabilidad que tenemos en ese conflicto y en nuestro propio dolor.

De esta forma desmenuzar la queja de la culpa se convierte a veces en el primer objetivo. Por un lado, porque cuando hay conflicto, hay dolor. Por otro porque cuando hay conflicto las culpas están repartidas. Así que el éxito de la terapia pasa por que la persona (o los padres) se pregunten ¿qué es lo que yo estoy haciendo (o llevo haciendo años) que puede estar motivando tal comportamiento de la otra persona (o de mi hijo)?

Esto es esencial tanto porque es la pregunta que puede devolver a la persona o familia el poder sobre la situación, explorar las dinámicas que tienen establecidas, redefinir límites o tocar dificultades personales que perpetúan determinados comportamientos en los demás, como también tener una perspectiva mucho más amplia de toda la situación y así poder acceder a la riqueza de ese mismo conflicto con beneficios tanto personales como interpersonales.

En Vipassana existe una práctica de meditación que tiene el nombre de “firme determinación”. Cojo este nombre porque me parece apropiado para nombrar el trabajo que pueden iniciar las personas en terapia (padres, madres, familias, personas, etc.). El de crear una firme determinación para observar toda la situación, desde diferentes puntos de vista, entregándose a la inseguridad que esto produce y sobretodo con la humildad que requiere verse a uno mismo o al mundo que nos rodea, con una mirada comprensiva, no culpabilizadora.

Creo que es fácil comprender que esta actitud queja-culpa es algo que nos viene dado desde los inicios de la vida, con lo que aprendemos a manejarnos y del que renacemos para sobrevivir con el coste que conlleva que las personas más cercanas nos culpen de lo que hacemos, de lo que somos. Tal vez por eso seguimos haciendo lo mismo; para no entrar a tocar y cuidar el dolor de haber sido humillado, culpabilizado y abandonado por los que supuestamente más nos querían.

Abrir esta puerta de exploración, permite abrir el espacio para tocar las verdaderas sensaciones físicas que, algunas, hacen ya parte de nuestra vida y a las que nos desensibilizamos, además de tocar las emociones que están en el fondo de aquella actitud culpabilizadora y que es necesario atender. Como dice Dan Siegel, además de sobrevivir, en esta vida podemos progresar.

El valor del proceso

Después de muchos movimientos, encuentros y desencuentros, realicé una ponencia sobre el abordaje de las emociones desde el mindfulness, para profesores en el colegio publico infantil San Ildefonso de Camponaraya.

Fue un gusto aportar y aprender también de las necesidades reales que atraviesan los profesores, cuyo interés fue fácil de percibir aun realizando el taller a la hora siempre complicada de la comida. Las 10 horas de la ponencia fue poco tiempo para poder explorar de forma teórica y práctica es tema. Pero nos adentramos en el viaje y fue fructífero para todos y todas.

san-ildefonso

La intención básica fue la de proporcionar materiales concretos para la introducción de  las prácticas de mindfulness dentro de la rutina diaria de clase, sabiendo que la continuidad de esta práctica a lo largo del tiempo, favorece el desarrollo de competencias y de relaciones más sanas dentro de clase. Y cuando uno tiene un contacto más consciente con las sensaciones físicas del cuerpo y las señales del cuerpo que acompañan la emoción, es posible crear dinámicas para que los alumnos/as compartan sus experiencias en un ambiente tranquilo y de respeto mutuo, que  aprendan y colaboren juntos.

Pero la reflexión de este texto está fundamentada en la observación de como es difícil observar los procesos que atraviesan alumnos, profesores y la clase en general y mucho más fácil atender a los resultados, buscar resultados, aprender herramientas para alcanzar resultados.  No es fácil para un profesor dar respuesta a todas sus responsabilidades y además a los eternos papeleos que quitan tiempo de, por ejemplo, pasar un rato tranquilo con un compañero o con un alumno. Pero más allá de la escuela y de este taller en particular, esta “ceguera al proceso” es algo que observamos muchos de los entregados a este trabajo de ayuda, desde la terapia o desde la educación.

Y es que existe una realidad – nuestra vida es un proceso, no un resultado.

No podemos aislar nuestra situación actual de las vivencias pasadas, de los aprendizajes pasados. Esto es algo concreto y aceptado por la comunidad científica pero también creo que por la larga mayoría de las personas. Pero abruma la forma como nos olvidamos de esto. Como nos olvidamos del proceso de vida que ha hecho que seamos como somos, como las diferentes influencias del ambiente donde vivimos, sobretodo lo que estuvo disponible y lo que no, moldearon y, de alguna manera, marcaron nuestra trayectoria.

Creo que este olvido o incluso “ceguera de proceso” nos acerca mucho más al juicio y separación y muy poco a la comprensión y acercamiento. De uno mismo. Del otro. Del profesor. Del alumno. Del padre. De la madre. Del vecino.

Si se dá tanta importancia a los Planes de Convivencia en el colegio, creo que es esencial enmarcar estos en un proceso de crecimiento del colegio como entidad. Si la integración de prácticas que ayuden a los alumnos y profesores a conectar y ser conscientes de sus emociones, está basadas en la inmediatez de los resultados, la ansiedad de resultados, entonces sin duda, así se creará el primer obstáculo para conseguir realizar un acompañamiento cercano, atento y cuidadoso de las necesidades reales del alumno/a en concreto o de la clase en concreto, o de un profesor en concreto. Creo que este afán de resultados, algo que pertenece a la sociedad patriarcal (si no produces no vales) es ya un dogma, que, como su definición dice, es “un punto esencial o un sistema de pensamiento que se tiene por cierto y que no puede ponerse en duda dentro de su sistema.” De esta forma, es fácil encontrar desasosiego cuando se habla de procesos humanos y de desarrollo que se dan dentro de clase o de la familia, sobretodo cuando el profesor o cuidador no ha podido verse reflejado en el comportamiento del niño de forma a poder empatizar…y así abrir la posibilidad de encuentro verdadero y profundo.

Esto es aun más claro cuando los mayores referentes mundiales sobre el estudio del desarrollo infantil, trauma, apego/vínculo, neurobiología, etc., hablan de las dificultades que tienen para transmitir y pasar sus descubrimientos a la práctica, a las instituciones, a los profesionales de ayuda, a la vida cotidiana, exactamente por una resistencia férrea a aceptar una idea comprobada dentro del sistema de pensamiento. Sin duda creo que esto ocurre porque aceptar esa idea implica reformular todo, o gran parte del sistema de pensamiento existente.

Lo rico de hacer este trabajo es ver que  cuando se crea un diálogo en base a esta visión más amplia, más comprensiva, menos ansiosa, y, en realidad más meditativa de la vida y del proceso humano por el que pasamos todos, da la sensación de que existe un momento en el que todos sabemos de lo que estamos hablando, todos y todas nos conectamos sintiendo, a mi entender, que existe un camino muy enriquecedor por hacer desde esta visión del proceso.

La buena notícia es que algunos colegios se están abriendo a este aspecto de mayor comprensión del desarrollo infantil, creando otros modelos educativos o integrando actividades dentro de la rutina del colegio que promuevan un acercamiento entre todas las personas que lo componen. Y es aquí donde las prácticas de mindfulness están aportando mucha riqueza a las dinámicas escolares, familiares y profesionales, rebajando el estrés de las clases y de los profesores, creando relaciones más sanas y de cuidado entre alumnos y rebajando el número de conflictos que ocurren en el colegio.

En febrero me toca realizar otra ponencia en otro colegio. Con ganas de poner temas encima de la mesa y crear conocimiento con los participantes.

Preguntas con y sin respuesta.

ceu

¿Qué dirías si te dijesen que todo eso que crees que has vivido, realmente no ha existido? Todo lo que existió fue una gran mentira, todo el daño es una mentira, porque el daño no vino de una esencia verdadera, sino de un alma dañada, falsa, que no pudo encontrarse.

Lo mismo ocurre con la memoria, no recordamos lo que pasó sino solamente una historia que nos llevamos contando durante años que nos da sentido a lo que pasó…entonces la memoria no es el reflejo de lo que pasó, solo de una mirada que vio lo que pasó y que se quedó con la foto y olvidó que los que en ella aparecían tenían una vida y, esa mirada, quedó congelada, y así, con ese frío en los ojos, siguió mirando la vida sin ver.

tal vez sea lo que más necesita el mundo – ojos, manos y cuerpos descongelados.

Me retrato…un poco más realista

Después de meses sin escribir, habiendo asumido un compromiso con los lectores y seguidores de escribir una vez por semana, o dos, y no haber cumplido con ello, hoy me toca retratarme.

IL7A9277

Lo que este sitio me permite es poder retratarme como desee. Así que la elección de la forma de retomar este espacio de encuentro y reflexión, va a ser una que más que justificarme o pedir perdón por ello, permita tanto para mi como para ti, abordar este tema de una forma comprensiva. Y si llamo a este blog, Psicología para el Ser, empezar por el que yo soy en este momento me parece acertado.

Tengo claro que los meses anteriores de trabajo fueron duros. La creación de mi nuevo espacio de consulta, el trabajo de terapia, formación y tutoría de una formación Gestalt en Centro de Psicología Humanista Pañña (Santiago de Compostela) me impidieron dedicar tiempo a otras cosas que me gustan, por ejemplo mi huerto que este año decidí dar descanso. Diferentes trabajos y fines de semana fuera, viajes, y la elaboración de un documental que saldrá a la luz en breve, ocuparon el tiempo…En realidad el resto del tiempo procuré descansar que, como dice Urbano, un vecino del pueblo “para descansar también hace falta tiempo”. Esto fue lo que pasó realmente, y una vez más no intento que sea una justificación. Donde quiero llegar es a poder comprender las diferentes causas que me separaron de realizar algo que me gustaba hacer como era compartir mi experiencia a través de la palabra en este espacio.

Así que esta fue un poco de mi vida, por lo menos la que en parte, y creo que solamente en una pequeña parte, explica mi desaparición de este espacio.

Otra parte tiene que ver com el compromiso que hice conmigo mismo de escribir artículos que supusiesen una reflexión y por ello tendrían que ser extensos, incluir autores, ser biográficos, conectar con estudios recientes, etc. etc., y a lo largo de estos meses realmente no tuve ni el tiempo ni las ganas de escribir tan detalladamente de forma a transmitir un mensaje. Pero en esto hay una trampa que me he estado haciendo. Y la trampa tiene que ver con la exigencia que me estaba colocando por escribir de una manera, con las palabras y referencias concretas y ricas al mismo tiempo. Una exigencia que en realidad lo que estaba haciendo era que, incluso cuando intenté escribir algo para publicar, me estaba diciendo que eso no era suficiente, no era suficiente maduro, reflexionado, que era muy criticable, y que podría hacer que la calidad del blog bajase.

Y ESTO ES UNA LOCURA!!!!!!!

Estos son mis muros, mis obstáculos, los que me impiden ver una realidad más amplia. A esto volveré más adelante.

La otra gran parte de este abandono de este espacio tiene que ver con um modus operandi con el que convivo. En relación a este espacio sería algo así como que el acto de crear el blog me encantó, me daba mucha vida poder estar compartiendo mi conocimiento o experiencia, investigar, leer sobre temas relacionados con las cosas que ocurren en mi vida con la intención de profundizar en la misma existencia humana. Esto es para mi un subidón, esta curiosidad incesante que me atrae y me lleva de la mano. Pero lo que también me pasa es que en el momento en que veo (o más bien considero internamente que ya he cumplido) que ya hay diferentes temas interesantes en el blog, un número inesperado de seguidores y de visitas (vigilar esto era importante todos los días) feedback de personas importantes para mí, etc. me desinteresé del tema y lentamente allá me iba yo por el mismo camino que tantas veces he hecho de irme apartando de algo que creo porque el subidón ya no es tan grande. Y esto solo tiene un nombre – adicción. Puedo decir que aunque no me inyecte heroína, en mi estaba presente esta obsesión de seguir colgando artículos, de revisar los estudios publicados, de revisar el número de visitas, pero llegó un momento en que eso ya no daba el subidón suficiente. Así que surgió el desinterés. Hasta la semana pasada. Cuando realmente me di cuenta de todo esto que me estaba haciendo actuar de una manera concreta, y al mismo tiempo descuidar un espacio mío que comparto con otras personas.

Así que no es que no tuviera tiempo, no es que no tuviera el subidón como antes, no es que me exigiese demasiado, sino que fueron estos tres aspectos los que me hicieron dejar de responder al compromiso que había hecho. Y con esto no quiero seguir siendo exigente conmigo o fustigarme por ello. Pero si ser comprensivo conmigo y con este proceso que está dentro de mi y seguramente seguirá hasta que me muera.

La cuestión que creo que puedo hacerme aquí, una que es tan clara cuando la hago a las personas que acuden a la consulta o en los grupos con los que trabajo, es ¿donde estoy yo forzando la máquina que me hace volverme rígido conmigo mismo para al final maltratarme al decir que no soy suficiente o lo que hago no es suficiente?

Y para responder una de las cosas que puedo hacer es reformular mi planteamiento y ser honesto conmigo que es la única forma de ser honesto con los que por aquí pasáis.

Para ello necesito flexibilizar mi postura conmigo mismo, y así poder ver otras formas de compartir. Queda claro que esa visión estrecha de tener que escribir artículos de tal y tal manera no me funciona, por lo menos a largo plazo. Y esto toca el tema de poder asumir y aceptar un límite que tengo, que no tengo la paciencia, ni la facilidad de escribir dos veces por semana. Puedo asumir el compromiso de escribir dos veces al mes. Con esto estoy cómodo.

Puedo también flexibilizar mi ataque diciéndome que “no es que seas un mentiroso o un vago, sino que la expectativa de escribir de x manera y cada x tiempo, está muy por encima de la realidad. Seguramente esto me puede ayudar a ver cuál es la necesidad que está debajo de esta exigencia y ver si es una necesidad real o es un mandato impuesto. Seguro que la necesidad pasa por que tu al leer lo que escribo termines diciendo “guau!!! que bien escribe” “que exposición más inteligente” y un largo etc. tan egóico que solamente grita “MIRÁDME”. Y así, como tantas veces he aprendido con Ramiro Díaz, el director y terapeuta de la escuela Pañña, poder cuidar al ser que está gritando continuamente y desconsoladamente.

Es increíble como estos gritos están presentes en todos nosotros y como estos gritos se traducen en tantas expresiones, acciones, miradas, palabras y gestos en tantos ámbitos de nuestra vida.

Creo realmente en lo que escuchaba esta mañana a Gabor Maté sobre los cuatro niveles de compasión. El primero, más natural y humano, el que de alguna manera la gran mayoría de nosotros somos capaces de sentir – cuando vemos a alguien sufrir, deseamos que no sufra. El segundo nivel, más profundo, Maté lo llama la compasión de la comprensión que tiene que ver con que no solo sentimos que el otro esté pasando un momento de dolor pero además nos preocupamos por saber que le pasa realmente. Este es un paso que la mayoría de los políticos, educadores e incluso médicos no se preocupan en dar. Seguramente porque no quieren ni siquiera oler el dolor que está dentro de ellos. El tercer nivel, el de la compasión de la identificación, cuando uno realmente se da cuenta de que la otra persona no es sustancialmente diferente de nosotros, que solamente elige un determinado camino para manejar su dolor, los mismos dolores expresados de diferente manera. Y el cuarto nivel, el de la compasión de la posibilidad, donde según Maté la palabra recuperación (personal/médica) entra en juego, cuando uno recupera uno encuentra. Entonces ¿que encuentra una persona que recupera? Se encuentra a ella misma, lo que también significa que esa  persona nunca perdió su self sino que solamente perdió contacto consigo misma. Y esta es la gran pérdida en nuestra vida. No tanto el dolor que pasamos, abandono o abuso, sino que eso hizo que perdiésemos contacto con nosotros mismos. Y es esto lo que hace que continuamente estemos llenando ese vacío con algo de fuera.

Así que el tema es de que SI es posible recuperar nuestra vida, ajustarme a ella tal como es, y SI esto se consigue por asumir verdadera y amorosa responsabilidad sobre el proceso de vida que transitamos.

Dicho esto, al retratarme puedo también encontrarme, atender a mi verdadera necesidad y ser más amoroso, menos exigente conmigo. Puedo ser más realista con lo que quiero hacer y con lo que deseo hacer. Al retratarme aquí buscó dos cosas: una, la de ser honesto con los que seguís este blog y que sepáis que podéis esperar de mi. Y dos, abrir otra puerta para ser honesto y tolerante conmigo. Es curioso que las multinacionales tienen instaurados sistemas de reevaluación continuos para garantizar el bienestar y la producción pero el sistema educativo o médico no lo tiene de forma a dar una respuesta a las necesidades presentes de las personas…pero esto sería un tema muy diferente.

Termino concretando. Escribiré dos veces al mes, artículos de todo tipo, con significado dentro del tema que aquí se trata y también el subidón que sienta al seguir cuidando este espacio lo voy a disfrutar más lentamente.

Salud a todos/as.

Como bombón un vídeo del Dr Gabor Maté en las Ted Talk

El poder de la adicción y la adicción al poder. TEDxRio+20

Seguridad Absoluta

cartel seguridad

¿Qué es seguridad? ¿Qué es sentirse seguro? ¿Es posible alcanzar una seguridad absoluta? ¿Es algo que se consigue de forma individual?

Estas son algunas de las preguntas que intentaremos responder en la charla del próximo jueves en el Coherencia Ecobar.

Y lo planteo así por la sensación tanto personal como en mi labor profesional como psicoterapeuta de que este elemento, la seguridad psicológica, está en la base de nuestro hacer. Tal vez, en una base más profunda, detrás de esta sensación o estado se encuentra el miedo, a la inseguridad, a la incertidumbre. Pero ¿qué es lo que hacemos para nutrir ese estado de inseguridad, qué contradicciones existen que nos apartan más y más de sentirnos seguros?

Creo que muchas cosas que diferentes autores han puesto de relieve a lo largo de los años como el afán de control, la rigidez, la falta de escucha, la falta de profundo cuidado y de amor, el apego, la atención plena, crean y mantienen este estado de inseguridad. Cuanto mayor el control mayor la inseguridad, sea esta percibida o no.

Tocaremos un tema que ya abordé en otro post como La defensa de la ceguera I y II explorando de lo individual a lo social esta forma de actuar que podemos observar en todas las partes del mundo y que siguen siendo causa y generadores de sufrimiento, angustia, miedo o inseguridad.

Por último espero poder aportar algo sobre lo que se puede “hacer” o “no hacer” para recuperar esta seguridad permanente que buscamos a veces tan desesperadamente.

Y no siento que tenga muchas respuestas definitivas o iluminadas para dar, más bien, como en la charla anterior a través del debate y preguntas que surgieron, tengo el deseo de que a través de escucharnos podamos construir un conocimiento compartido.

Así que os animo a participar en este café-tertulia del próximo jueves a las 20h en Coherencia Ecobar.

Retomarse o no retomarse, esa es la cuestión.

Por circunstancias de la vida, sin que uno se de cuenta, a veces nos dejamos llevar por todo lo que ocurre, lo que necesitan nuestros hijos, lo que ocurre con nuestras parejas, padres, hermanos, con alguna situación de conflicto, de tensión, de agobio. Nos dejamos arrastrar y tantas veces ya ni siquiera nos acordamos de que somos nosotros los que estamos viviendo esa situación. Más difícil se hace retomarse a uno mismo cuando, ante toda la tensión que existe en nuestra vida, nos distraemos de forma a ya ni siquiera querer ver todo eso, como congelando esa parte de nuestra vida y seguir adelante.

agitada vida

Esto mismo es un proceso de adaptación, en parte necesario en algunas situaciones, pero que conlleva también el riesgo de que ese congelamiento se expanda hacia nosotros mismos, enfriando todo, olvidando todo, obviando todo.

Una de las formas más antiguas de observar este mismo proceso y de recuperarnos en toda la agitación es la meditación.

A través de ella nos es posible parar. Hacer un alto en el camino y volver a observar, a sentir, a escuchar, desde ese centro que poseemos todos, único e irrepetible. Retomar este lugar, nuestro por derecho crea una perspectiva mucho más amplia de todo eso que nos ocurre, que nos detiene en nuestro camino.

Retomar este lugar puede que sea la única manera de dar valor a nuestra individualidad y por ende a todas las demás individualidades, tomarnos en cuenta con un sano egoísmo y así poder ver al otro realizando su trayecto con su sano egoísmo.

Si podemos retomar el contacto con nuestro centro, algo ocurre. Tal vez uno se asuste ante tanta libertad. Tal vez uno se haga pequeño ante la ausencia de confusión y claridad en lo que quiere. Un mundo entero se desvela cuando uno puede observar y observarse desde ese centro. Y hay consecuencias en esto porque uno ve por donde quiere ir en su vida pero también ve como a los demás no les gusta esa decisión, uno se da cuenta de aquello que lleva tanto tiempo haciendo, toda una vida quizás, y que ya no vale en este momento. Todo do se convierte en movimiento. Y según las más antiguas tradiciones fue el movimiento el que dio lugar a la vida y también sea este movimiento el que hace que ese paquete congelado al que habíamos catalogado de “no vida” ya no más pueda permanecer sólido. Cuando uno se hace cargo de si mismo desde su centro algo se ablanda y uno puede volver a ser, uno se da cuenta de todas las posibilidades que se estaba negando, obligándose a la ceguera para seguir responsabilizando de todo a su gobierno, a su madre o padre, a su jefe y a su Dios.

Cuando uno se puede retomar desde su centro, se da cuenta de que todos ellos están presentes, influyen pero no son decisivos. Uno se da cuenta de que tiene poder, un poder sano de hacer con su vida una bella obra de arte, de crear su vida, de mirar toda la agitación desde un lugar bien asentado, inquebrantable. Desde un lugar de esperanza donde la ilusión y el instinto dejan de ser cosas de niños y pasan a ser combustible de adultos.

Os dejo con una meditación de Claudio Naranjo. Un momento para parar, observar, sentir y escuchar.

Escucha y un nuevo mundo surge

El mundo que surge no es una invención, no es fabricado, no es adornado, no es famoso ni es rechazado. El mundo que surge es el que existe cada día de nuestra existencia. No hay más ni hay menos. Un mundo que es nuestro mundo, único e irrepetible, tan cerca y tantas veces tan desconocido.

Al despertar la escucha es posible tomar consciencia de lo que estoy atendiendo e incluso la cantidad de tiempo que estoy atendiendo a ese objeto.

Cuando surge la escucha podemos realmente atender a que sonidos están presentes en nuestro entorno, atender a los sonidos del cuerpo y a las voces del pensamiento que, imparables, van construyendo nuestra forma de escuchar, mirar y tocar cada momento de nuestra vida. Al escuchar podemos atender a quien estamos obedeciendo, a quien estamos siguiendo como si de un guru se tratase y al que seguimos fanáticamente. Al escuchar, tal vez después de un tiempo podemos darnos cuenta de lo poco que nos escuchamos, de lo poco que nos atendemos, de lo mucho que nos abandonamos, entregando así nuestro poder a otro, a otros, como vendiendo nuestra vida sin siquiera ponerle precio, no porque no lo tenga, sino porque no se lo ponemos.

Tal vez al escuchar podemos darnos cuenta del precio que estamos pagando por no escucharnos de verdad.

Escucha y un nuevo mundo surge.

Y es un mundo que más bien se puede comparar a una pecera. Estamos dentro y la visión está condicionada por el cristal, nada es del todo nítido ni nada es realmente posible de tocar. Sin escucha, sin escucharnos, no podemos escuchar. No podemos crear el espacio de silencio necesario para atender a lo que nos dicen, a como lo dicen. Sin escucha no hay entendimiento, solamente un pisotear continuo de lo que nos dicen, opiniones una detrás de otra que nos hacen sentir seguros, en posesión de la verdad, pero tan ignorantes de todo lo que no conocemos.

Escuchar es sin duda un acto de humildad, es retirarse del camino y presenciar, es dejarse tocar por la otra persona, por otras palabras y sin hacer nada entregarse a lo que surge, desconocido e incontrolable, y poder sentir.

Escuchar también es un acto de valentía, es dejar de vendernos y hacer caso a lo que realmente escuchamos, a como nos escuchamos y hacerle caso. Hacer verdadero caso de eso que escuchamos como nuestra verdad, correcta o incorrecta, que más da, pero la nuestra. No la que defendemos a toda costa, sino la que nos es posible compartir para crecer con el otro.

Escuchar es un acto de dedicación hacia el mundo, hacia uno mismo. Escuchar es como desnudarse, es dejar de crear vestimentas para tapar la piel de nuestra alma. Es entregarse a lo sutil. Es entregarse a sentirse vivo en la realidad que cada uno ocupa.

Escuchar es dejarse en paz y dejarse tocar. Formula perfecta para que nada quede estancado. Formula perfecta para poder estar abierto, valiente, humilde y dedicado a esta vida que construimos cada día. Que no se nos vaya de las manos por no escuchar.

La dificultad normalizada

Nos acostumbramos al dolor que sentimos y el sufrimiento se hace crónico. Y podemos seguir así toda una vida. Tirando para adelante.

carretera

Esto es algo que he podido comprobar en mi piel. Saber claramente que algo no estaba en su lugar, algo me estaba impidiendo de ser más honesto o verdadero y seguir adelante, no parar porque la resolución del problema estaba allá, más adelante en el tiempo, así que había que seguir adelante. Años después me daba cuenta y me preguntaba ¿como era posible que no hubiese pedido ayuda? Primero porque creo que me había acostumbrado al sufrimiento, a organizar mi vida en función de las dificultades que sentía y a no confiar que otras posibilidades estaban presentes delante de mis ojos. Frustración, ansiedad y dolor se hicieron compañeros de vida en aquel entonces.

¿Qué fue entonces lo que produjo el cambio?

Sin duda haber sido acompañado e instruido sobre la imperiosa necesidad de parar. Más que tirar para adelante, lo que se hizo evidente fue la necesidad de parar. Y esta puede que sea una de las labores principales de los que nos entregamos a un trabajo de ayuda – proporcionar un espacio donde hay y se cultiva la seguridad para parar.

Creo que este acto de detenernos conscientemente para observar sin juicio donde estamos, lo que hacemos y lo que realmente queremos, es de por si sanador. Es un acto meditativo a través del cual nos permitimos dar espacio a lo que surge. Tanto si es parálisis, ansiedad, miedo, risa, grito, expansión o contracción, damos lugar a que tenga su espacio.

En psicología Gestalt, Fritz Perls hablaba de la autorregulación organísmica. Con este término se refería a que si uno para de hacer y hacer, el cuerpo por si mismo encuentra la forma de regularse, de reequilibrarse. Decía “está atento a todo lo que te pase y no frenes nada de lo que surge. Deja que tu espontaneidad brote sin frenos”. Se trata de recuperar la sabiduría instintiva del cuerpo que somos y que se encuentra de alguna manera encerrada ante todo lo que creemos que es correcto, lo que debe ser, las normas, lo correcto y lo educado. Curioso que tantas veces lo educado es no ser honesto.

Nos volvemos dependientes de todas estas ideas, apariencias, conceptos e incluso personas, creyendo que no somos capaces de hacerlo de otra forma. Nos atascamos y vamos reduciendo nuestras posibilidades de desarrollo, aprendizaje y crecimiento por haber leído un libro que dice tal cosa, por miedo a lo que pueda ocurrir si dejamos de hacer lo que llevamos haciendo años. En definitiva nos entregamos a lo de fuera para que comande nuestra vida.

Parece que la gran dificultad es la de escucharnos verdaderamente y actuar en función de lo que sentimos o necesitamos. Cuando esto ocurre en terapia puedo observar como la persona se expande e incluso los síntomas más graves de ansiedad, depresión, adicciones o trastornos de alimentación cobran una nueva perspectiva. Y no se puede tener perspectiva si uno no se para para ver. Cuando esto ocurre, observar un mapa más completo de la situación, permite clarificar por ejemplo, que los ataques de ansiedad de una hija están debidos en gran medida a la rigidez de la educación y que produce un miedo incontrolable e inconsciente. La respuesta más común es la medicación independientemente de si se tiene 12 o 40 años o de la situación que atraviesa la persona. Y no es que tenga nada en contra de la medicación. Creo que pueden ser de buena ayuda en determinadas situaciones e incluso necesaria. Y creo que cada uno debe decidir como quiere afrontar la situación que tiene entre manos. Otra cosa es cuestionar si la necesidad inmediata de medicación está debida a una incapacidad de la sociedad de tolerar y acompañar la dificultad de una persona por lo que es más socialmente aceptable que deje de sentir y sentirse a que exprese su rabia. Un artículo que lo expresa claramente lo podéis leer aquí – “Colgados de los Ansiolíticos

Como canta Ben Harper “welcome to the cruel world…”.

Lo que si es real es que delante de nosotros existen al día de hoy muchas formas de ayuda, profesionales conscientes de su labor, técnicas y formas múltiples para favorecer el lado humano que cada uno tenemos y, al final, poder sentirnos merecedores de vivir una vida rica, plena y autentica. Una decisión que cabe a cada uno tomarla.

Actualización necesaria

 

Desde la Gestalt el término “actualización” es utilizado para referirse al acto de renovar las ideas, acciones e incluso formas de sentir. Tal como en los ordenadores, también nuestros sistemas de procesamiento se vuelven obsoletos a lo largo de la vida. Y es fácil de observar esto cuando se sigue, por ejemplo, pidiendo a los 30 años lo que pedíamos a los 2 años. Cuando no existe la actualización se perpetúa la necesidad no cubierta, y lo que no nos dieron nuestros primeros cuidadores lo seguimos pidiendo e incluso exigiendo en nuestras actuales relaciones, a nuestros amigos o parejas. Se crean así los adolescentes de 40 años o los niños o niñas eternos/as.

Perls

Fritz Perls

En esto, más que hacer una crítica, creo que es importante ver que detrás de esa forma de hacer desactualizada, reside un ser dolorido, carente y que, por las diferentes situaciones de la vida, no pudo madurar. Sobre esto, Fritz Perls, uno de los máximos referentes y creador de la Terapia Gestalt, decía que madurar era el acto en el que uno pasa del apoyo externo al auto-apoyo. Es decir, uno pasa de estar necesitado y dependiente del exterior para cubrir sus necesidades, a ser consciente de su verdadera necesidad y a poder satisfacerla por si mismo. Para él, la neurosis sería un síntoma de una maduración incompleta. Y cuando no existe maduración en las diferentes etapas de la vida sin duda uno sigue arrastrando situaciones, normalmente con gran carga emocional, no resueltas, o por lo menos que en la actualidad carecen de una resolución sana.

Ante esto creo que queda claro, como decía antes, que detrás del pedido continuo existe un ser, un niño o una niña que no recibió lo que necesitaba, fue ignorado o desatendido, causando esto en él o ella una marca, una herida. Inevitablemente todos pasamos por esto, pero, con el paso de los años, en edad adolescente y adulta, entra en juego un aspecto que es el que realmente nos puede sacar del atolladero. La responsabilidad. Perls decía que los hombres debían tomar la responsabilidad de su existencia por su propia cuenta. En el momento en que no lo hacemos entregamos nuestra vida a los demás, a nuestro pasado, a nuestro futuro. Al hacernos responsables de nuestra forma de actuar, pensar y sentir podemos recuperar el poder de tener mano en nuestra vida, de cuidarnos donde no fuimos cuidados, de arroparnos, de alimentarnos ante la sequía existencial que supuso la falta del cuidado que necesitamos. Y no estoy culpando a nadie de esto. No existen culpables. Los que no respondieron al pedido del niño posiblemente no supieron como hacerlo, tal vez incluso no les fue dado, cuando niños, eso mismo que ahora les es pedido. Y se trata de cosas tan enormes como haber recibido un abrazo sincero para el alivio o la protección. Una mirada o un gesto de amor, comprensión y respeto cuando la ansiedad, el miedo o la rabia se apoderaban de uno. No hay culpables. Hay gente que se hace responsable de su vida y los que piden y piden ignorantes de lo que están realmente pidiendo.

Hacerse responsable de la vida para actualizar lo que necesita ser actualizado, implica un compromiso claro con uno mismo, casi como una batalla en la que de antemano sabemos que habrá sufrimiento y también una victoria segura. Perls sobre esto, en su forma tan clara de expresarse que rozaba el rechazo decía sobre esto que “el ser humano vivía para lo que era correcto, sin importarle si realmente quería… el ser humano se ha tornado fóbico al dolor y el sufrimiento, evitando lo que no es divertido y agradable, escapando de la frustración. El resultado de este proceder es la falta de crecimiento. Enfrentar la frustración y el dolor lleva a un sufrimiento realista, acompañado de un crecimiento.

¿Qué pasaría si realmente supiéramos que tenemos esta oportunidad? ¿La cogeríamos? ¿Qué pasaría si de forma tajante nos diésemos la mano a nosotros mismos para sacarnos del ciclo sin salida de sufrimiento y así no repetirlo más? ¿Qué pasaría si nos mirásemos a los ojos para vernos de verdad y llamar cada cosa por su nombre?

Nuestra actualización está a un click de nuestras manos.

Este es el acompañamiento que realizo en el espacio terapéutico como tantos otros terapeutas, el mismo que recibo de los maestros que me acompañaron y acompañan. Un acompañamiento sin juicio que permite ver el dolor detrás de la resistencia o de la ansiedad que no son más que gritos de ayuda. Un acompañamiento para dar la mano y, por respeto, ser todo lo honesto que puedo con quien tengo delante. Y cómo decía también Perls en la oración de hacer Gestalt “…si en algún momento o en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse…”

Oración Gestalt completa:

“Yo soy Yo                                                                                                                                                                         Tú eres Tú
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
Será maravilloso
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a Mí mismo
Cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a Ti
Cuando intento que seas como yo quiero
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.”