MI VIDA TIENE VALOR

Siempre me ha encantado este vídeo que hoy quiero compartir.

Y me gusta por el derecho que siento que tengo a rebelarme. La rebeldía me parece que está degradada en la sociedad. Como otros autores me parece que la rebeldía debería ser una de las actitudes a cultivar en esta sociedad que por más “normal”, eficaz y evolucionada que se pinte tiene, por lo menos, una base muy enferma.

No creo que sea una sociedad enferma de valores como muchas veces se dice, o que la juventud ya no tiene educación, o que los políticos ya no son como antes, o que la tecnología ha venido a dominarnos.

Más bien creo que, como sociedad, se ha ido perdiendo el valor del sentido de humanidad. A veces parece que ya no somos todos personas sino que solamente existen grupos en contra de otros, partidos, clubs deportivos, empresas, ideologías en contra de otros. Pero cuando comparto momentos con gente mayor o más joven que yo, la sensación general es de que estamos profundamente sedientos de estar más cerca, de crear juntos, de confiar que es posible vivir de una forma en que la lucha merece la pena cuando va a favor de todos y todas, de luchar por la humanidad como grupo y que este no es más que otros grupos imprescindibles a la vida que se llaman en su conjunto Naturaleza.

En una sociedad como la que existe hoy en día, la rebeldía puede tener perfectamente su lugar cuando ésta nos permite abandonar el rebaño para pensar que es mejor, más sano para mi y para las personas que me rodean. Tal vez sea la rebeldía y el valor que cada uno damos a nuestra vida lo que nos permite abrir nuevos caminos hacia algo mejor, tanto para uno mismo como para nuestros seres conocidos y desconocidos.

La arrogancia y la prepotencia con la que afirmamos que ya lo sabemos todo, que somos los seres más evolucionados que han pasado por el planeta, nos hace caer en una trampa mortal.

Sin rebeldía no es posible cuestionar. Y parece que cuestionar la enfermedad que impregna esta sociedad, es algo que no se debe hacer y que además está siendo más y más penalizado por ley.

Creo totalmente en lo que dice Claudio Naranjo sobre esto: es esencial cambiar la educación para cambiar el mundo. Es esencial cambiar la educación para crear personas más que para adiestrar personas.

¿Será demasiado tarde? No se sabe.

¿Merece la pena intentarlo? Seguro que si,

PORQUE NUESTRA VIDA TIENE VALOR.

Pelicula Completa Network (1976) ddirigida por Sidney Lumet en https://vimeo.com/70970452

Taller “Al encuentro del cuerpo”

cartel taller cuerpo

 

Esta es una propuesta de trabajo y consciencia corporal. Sin ninguna duda, todo lo que nos ocurre se refleja, se expresa y se vive en nuestro cuerpo. Así que el trabajo va en el sentido de refinar la atención al lenguaje del cuerpo, sus señales y expresiones.

A través de diferentes trabajos y ejercicios individuales, en pareja y en grupo, entraremos en el camino de búsqueda curiosa de lo que está presente en cada momento. Al contactar de forma más clara con nuestras sensaciones, nos será posible reapropriarnos de ellas con el fin de movilizarlas para darnos lo que necesitamos, o lo que es lo mismo, darnos salud.

El taller está dirigido a adolescentes y adultos y no hay necesidad de conocimientos previos. Ropa cómoda, ganas y curiosidad. Los diferentes ejercicios serán herramientas que podrás utilizar por tu cuenta en casa.

El enfoque del taller es humanista asumiendo el cuerpo como guía. Se explorarán técnicas de relajación, activación corporal, meditación, escucha corporal, masaje, voz, respiración, etc.

Si estás interesado contacta a través del teléfono del cartel para más información o para reservar tu plaza.

El (des)control de la vida

Llevo varios días cuestionándome sobre este tema, el tema del control. ¿Qué es control? Después de indagar, reflexionar, recurrir a mi experiencia y a la lectura de las frases sabias de varios maestros decidí finalmente escribir este post.

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el cielo está siempre presente

Podría empezar por decir que el control nos da seguridad, certeza, dirección, fuerza. También sin duda es una fuente inagotable de ansiedad y sufrimiento.

Me parece que existe la idea de que alguien que está en control es alguien que está, digamos, bien. Que es alguien que ha estado haciendo las cosas bien y por ello tiene control. Claro que no hablo aquí del control sobre otros – que dará para otro post – sino del control que uno siente que tiene sobre su vida, su entorno, su cuerpo, sus emociones y de la relación que establece con ellos. Diría incluso que esa persona que vemos que tiene el control es de alguna forma envidiada por el supuesto que su vida es buena.
Yo creo que en esto existe un sesgo, creado ya de forma infecciosa por una sociedad que nos enseña esto desde inicio. Pero además me pregunto sobre las vidas de personas que están llenas de sufrimiento, de angustia, de impotencia. Hay algo que hace que estas personas sigan viviendo sus vidas sin un cambio que las dirija a una vida más nutritiva. Y, aparte de otras cosas, el control juega aquí también el papel de que aporta significado a la vida. Es decir, el control sobre lo que ocurre en mi vida, por dañino que pueda ser para mi bien-estar, felicidad o como queramos llamarlo, mantiene un sentido de vida que es entendible y manejable para mi, y me ayuda a no derrumbarme ante el descontrol que puede provocar un pequeño cambio.
Tal vez por esto, en terapia se ofrece la oportunidad de explorar la vida sin el control neurótico. ¿Que pasa si experimento algo que, de inicio, considero que no hace parte de mi, de mi personalidad o de mi forma de ser? ¿Cual es el temor tan fuerte que me impide abandonarme a una experiencia nueva?
La psicología humanista, desde el marco de la gestalt, hace uso de esto mismo – poder ser el simpático y el grosero, ser el castrado y el castrador, rey y súbdito, etc. Y lo hace con la fe de que en el momento en que podemos ser un polo y el otro, de que nos damos el permiso de ser los dos extremos, nos completamos de alguna forma, nos unificamos más allá de estar divididos en partes aceptables y las no aceptables de una personalidad. Como decía Fritz Perls “todos somos mitad hijos de Dios y mitad hijos de puta”.
En el trabajo terapéutico lo que se observa es que uno gana en expresión, en autenticidad y una consciencia surge que nos permite observar los obstáculos y dificultades que nos imponemos, para así distanciarnos de nuestro verdadero ser mientras seguimos obedeciendo a las normas, etiquetas y deseos que recibimos de la familia, la educación, la religión…de la sociedad. Esta sociedad sigue luchando por que este despertar no se dé en nosotros, ofreciéndonos una ilusión de falso control sobre nuestras vidas que en tantas veces son proyectos de otros y de lo que es valorado socialmente. Al mismo tiempo se puede también observar como la persona al explorarse en sus diferentes partes (más allá de las que quiere controlar y que crean su identidad) se siente más entera, con los pies asientes en la tierra, más tranquila consigo mismo y con una apertura hacia la vida que la enriquece.
Quizá un camino para conocernos a nosotros mismos es el de permitirnos estar en el descontrol, en el no saber, en la novedad, al mismo tiempo que podemos escuchar el templo de nuestro cuerpo para así darnos lo que necesitamos.

Encuentros con los personajes

Son actores, vividores, artistas, poetas, jueces, niños, ancianos. Son morenos, rubios, altos y bajos, y vienen de cualquier parte del mundo. Son tantos los personajes que están presentes en nuestra vida desde que despertamos hasta que nos dormimos. Son madres y padres de hijos e hijas. Son constructores, destructores, amantes y compañeros, son ricos y pobres, son pasados y futuros.

En una era de comercialización y exaltación de la imagen, estos personajes entran por la puerta de nuestros ojos desde que nacimos hasta el día de hoy…ahora mismo ¿que personaje ves a tu lado?

Sin duda son personajes que nos aportan algo – delicadeza, agresividad, amor, ternura, envidia, popularidad, miedo, angustia, y un largo etc.

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Qué hacer con estos personajes, uno tras otro presentándose en el escenario de nuestras vidas. En realidad no encuentro una respuesta clara de qué hacer con ellos. Más bien es que puedo hacer yo ante ellos. Considero que lo que mejor puedo hacer es escuchar. Un proverbio chino dice: “Escucha, o tu cabeza te volverá loco”. Entre las muchas interpretaciones que pueden surgir de esta simple frase, una de ellas puede ser que si no escucho a estos personajes que todo el rato están desarrollando su función más o menos teatral en mi cabeza, ellos mismos se apoderarán de mi cabeza y en más o menos tiempo, el que desaparecerá por completo seré yo.

Escuchar no es un acto pasivo. Más bien es un acto de plena acción serena, con todos mis sentidos despiertos para captar las palabras y sensaciones que me transmite lo que escucho.

Tal vez sea esta escucha la que nos puede hacer volver a un verdadero contacto con lo que nos está pasando, un contacto cercano con el lenguaje de nuestro cuerpo, con nuestras emociones, un contacto verdadero con los personajes que habitan en nosotros y que vuelven y vuelven por su compromiso vital de transmitirnos un mensaje y una visión de nosotros mismos.

La otra posibilidad al proverbio chino es “Escucha y te volverás sabio.”

¿Psicoterapia Humanista para qué?

Es una pregunta que, además de las diferentes respuestas que podemos encontrar en la web, considero también importante responder desde este lugar.
Existen diferentes formas de abordar el tema o la necesidad de la persona que acude a terapia, con una situación de conflicto personal. Desde la terapia humanista el enfoque no va dirigido a dar instrucciones de como la persona puede resolver sus problemas, sino que este enfoque tiene como objetivo final la autonomía de la persona. Desde la terapia humanista – Gestalt – esta meta se puede alcanzar en el momento en que la persona se halla presente en lo que le ocurre, es consciente de ello y de como la afecta y además se hace responsable de esa misma situación y de sus acciones, emociones y pensamientos.


Desde este enfoque, el terapeuta no asume un rol de experto que aconseja, da instrucciones y resuelve las dificultades del cliente, sino que se coloca en el mismo nivel del paciente con la intención de poder ayudarlo a encontrar dentro de si una forma integrada y sana de contactar con la vida que le rodea. La palabra contacto está muy presente en toda la bibliografía de la Gestalt una vez que esta considera que estamos en continuo contacto con el mundo que nos rodea y en la medida que somos capaces de dar respuesta a nuestras necesidades el conflicto no se instaura de forma permanente. En la medida en que no encontramos la forma de ir hacia el mundo y satisfacer nuestras necesidades, no podremos alcanzar el punto de satisfacción, de saciedad para dirigirnos hacia otras necesidades que surgen a cada momento.
Ahora bien. Podemos ni ser conscientes de lo que necesitamos, podemos no saber como saciar nuestra necesidad por una dificultad emocional, física, etc., podemos quedarnos pegados al disfrute que produce la saciedad de una necesidad de tal forma que no podemos movernos hacia otra necesidad diferente que surja. En la terapia humanista – Gestalt – la función del terapeuta es de actuar como un espejo, podríamos decir, de manera a que la persona se “dé cuenta” de que está haciendo que le impide el flujo de moverse de una necesidad a otra. Es en este “darse cuenta” donde, muchas veces, la persona se encuentra con sus sensaciones físicas o emociones verdaderas de frustración, miedo, angustia, rabia, por citar algunas. Estas sensaciones pueden ser difíciles de afrontar por la carga emocional que conllevan, por ir contra la idea o identidad que hemos creado de nosotros mismos o con la que sentimos que nos proporciona una estabilidad frente a todas las situaciones de nuestra vida.
Lo que se descubre en terapia es que existe un enorme potencial dentro de nosotros que está dormido y que nos bate a la puerta una y otra vez. El terapeuta tiene la labor de sostener a la persona mientras contacta con estas partes suyas olvidadas o reprimidas, acompañándola en lo que surge a cada momento y ayudando a que esta vivencia personal y verdadera se haga más consciente y conduzca a un auto-apoyo personal sin la necesidad del apoyo externo, en este caso, del terapeuta. Este es el punto de autonomía, de verdadera maduración como lo dijo el creador de la Gestalt, Fritz Perls.

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A lo largo del proceso, la persona se va completando, observando la forma como ha perdido el contacto con todo su ser y al mismo tiempo haciéndose consciente de lo que esas partes que consideraba innecesarias o negativas, aportan a su vida.
Como dice Paco Peñarrubia, todos venimos de una carencia, en algún momento no nos fue dado lo que necesitamos y sobrevivimos a esto a costa de hacer algo que nos separó de nosotros mismos. Así, la terapia humanista busca que este contacto, real y verdadero, con uno mismo se restablezca y así, abrirnos a la vida y a todo lo que en ella existe y de la que somos parte.