Despertando lo mejor de uno

Hace unos días ayudé a Reme Remedios en la preparación de la exposición que titula “Relicarios del acto creador”. Además de ser una exposición que me encanta tanto por donde surgen las diferentes obras, por las obras mismas, como por el espacio tan acogedor que es la galería iskoö en Lugo, mi intención de traer esta exposición a esta entrada del blog se resume en una de las frases con la que la artista desvela la obra.

Reme

Confianza total en el acto creador: FE”

¿Y que nos aporta la fe? ¿donde nos lleva la fe?

Si por un lado creo que responder a estas preguntas hace que el misterio mismo de la fe se desvanezca en la racionalidad, perdiendo su encanto, si considero que algo que aporta es la elevación del ser, de uno mismo, a una dimensión de pura dedicación y entrega. No aporta un resultado sino una forma de estar.
Es una pena que el uso de esta palabra esté tan asociado a las diferentes iglesias del mundo, lo que puede en un primer momento rechazarla. Pero parece que está claro que antes de que existiesen iglesias ya la humanidad sentía fe. Es una característica humana más que algo construido. Estamos dotados de una semilla que cuando germina, nos hace estar en contacto con algo que va más allá de nuestra piel.

Lo que también me parece es que la fe es en si misma perezosa en el sentido de que no está presente sin más. Se asemeja a una flor delicada que necesita ser cuidada, acogida y nutrida para expandir su aroma único.

¿Porqué me dio para hablar de la fe?

Por todo lo que veo en estos días a mi alrededor, en mi trabajo, en mi, en mis relaciones, en el mundo. Y lo que veo es el camino que surge cuando uno deja de lado la creencia en la pura dedicación y entrega a uno mismo. Tengo la sensación de que uno se termina perdiendo tarde o temprano porque ¿si no creo en mi, en que estoy creyendo? Tal vez en lo que me dicen, en lo que me dijeron, en lo que dicen en la tele o lo que dice un libro o un sabio, pero sin dejarme escuchar como resuenan esas palabras en mi. Sería más bien una fe ciega en que lo que dicen es la verdad y no se cuestiona, igual que lo hace un niño en sus primeros años de vida con sus padres. Una fe infantil.

Pero uno va madurando a lo largo de la vida y es verdad que cuando las cosas se tuercen, cuando nos damos cuenta de que lo que ocurre no se ajusta a uno como un zapato apretado, uno tiene la posibilidad de cuestionarse que es lo que yo quiero o que es lo que yo me digo que quiero. Son estos momentos de parar los que producen una recuperación de la impecabilidad de uno mismo, tomarme en serio de una vez y tener fe en que eso que quiero es importante para mi. Tener fe en que eso que quiero, sin saber donde me llevará, en este momento es importante.

El acto creador del que habla Reme Remedios está presente en todo el momento y solo necesita dedicación y entrega para hacerse visible o hacerse “sentible”.

Y es cuando las cosas más se tuercen cuando esta elección queda más obvia. O uno se entrega a la distracción y la dependencia o uno se entrega a la sabiduría que ya tiene y confía en que es posible crear lo que uno desea para si mismo.

Y es muy normal observar como los propios obstáculos que nos impiden despertar la fe en uno mismo, están en nosotros, viven en nosotros. Poder contactar con ellos, ver para que nos sirven y poder atravesarlos o usarlos más a nuestro favor, es lo que se busca en el espacio terapéutico.

Un pez lo último que diría es que vive en el agua”, pues está constantemente presente. Lo mismo nos pasa. Porque estamos constantemente conviviendo desde una forma propia de observar el mundo, nos es muy difícil darnos cuenta de las trampas que nos vamos poniendo. Es un trabajo por veces arduo pero sin duda uno a través del cual “el dolor transitado se convierte en sabiduría esperanzadora” – Claudio Naranjo.

Un camino personal de fe, en el que podemos ser creadores de una vida menos fantaseada y más creíble, en la que cultivar paz dentro de nuestro mundo.

Desencuentros y reencuentros

Cuantas veces nos quedamos sin saber a donde ir o cómo hacer. Y que difícil es estar en el no saber. Difícil porque inevitablemente entramos en un terreno sin ser poseedores del control que tanta seguridad da (y tanta ceguera produce).

el cielo siempre está

No es que esté en contra del control, ni siquiera en contra de la ceguera. Más bien estoy a favor del buen uso de cada una, como herramientas. Y a nadie se le ocurre romper una pared con un pañuelo de seda. Cada uno, el martillo y el pañuelo sirven para lo que sirven, si los utilizamos sin atención al verdadero uso y utilidad que tienen (aunque puedan ser muchos) terminaremos frustrados, pues aquella pared no se romperá.

Lo mismo ocurre con el control. Sirve, es válido y útil para determinadas cosas, para realizar determinadas tareas pero bastante inútil cuando queremos que el control lo controle todo. Cuando es así creo que se produce un desencuentro existencial con la realidad de uno y se queda a merced de ideas más o menos tóxicas que tenemos dentro de nosotros y que no sirven realmente para nuestro propósito.

Y ¿cuál es nuestro propósito?

Pues es difícil sino imposible saber cuál es si no nos damos tiempo para una escucha atenta de lo que nos hace falta o de lo que nos sobra. Esto es lo que permite realmente que podamos hacernos caso y, así, dirigirnos hacia donde necesitamos, con un impulso verdadero que nos guía desde dentro.

Es algo común que un paciente comente que le parece que alguien está viviendo la vida por él o ella. Y también es común que alguien se de cuenta de que no ha vivido en los últimos 10 o 20 años de su vida. Vivir en la fantasía y vivir en la realidad implica vivir en o con el dolor. La diferencia crucial es que vivir en la fantasía, en la inconsciencia de uno mismo, de lo que le rodea y como le afecta, puede parecer más fácil. Yo así lo creía. Pero vivir en la fantasía implica también una actitud de escape, de huida de lo que somos, de lo que queremos, sentimos o deseamos. Y solo se puede escapar de algo así porque existe un dolor que de alguna manera sentimos que no somos capaces de ver o tolerar. Por su parte, vivir en la realidad implica un compromiso de uno para estar con lo que hay, con ver claramente lo que se tiene delante, lo que nos empuja y lo que nos frena, lo que nos emociona y lo que resulta frío. Aquí también viene en el pack el contacto inevitable con el dolor. Y no es fácil hacerlo, no es un lugar agradable cuando uno se da de frente con su realidad. Pero al revés de la fantasía, vivir en la realidad es posiblemente el único camino que existe en este mundo para trasmutar ese dolor, para cuidarnos mientras estamos doloridos. Es la forma de poder iniciar un camino en el que vamos a nuestro favor y no en nuestra contra.

Es posiblemente la única forma en este mundo de poder reencontrarnos con nosotros mismos, darnos la mano y caminar atentos a cada paso. Es la forma de volver a encontrarnos con los demás y poder verlos de verdad como personas que son, no como ideas que proyectamos.

En esto tampoco hay culpables…nadie es culpable. Todos venimos de lo mismo, de un acomodamiento a nuestro medio desde temprana edad que implicó firmar un contrato de desencuentro con nosotros mismos, con nuestra espontaneidad, con nuestra fluidez. Nos separamos de esto por sobrevivir, por tirar para adelante y si estás leyendo esto es que lo has conseguido. Ahora, una pregunta que me hago es: ¿He conseguido sobrevivir a costa de qué? Como mínimo a costa de olvidarme de mi, a costa de no atenderme realmente y ser en función de lo que era aceptable y lo que no.

Podría llamar a esto el desencuentro primordial. Pero a partir del momento en que uno se da cuenta de este desencuentro solo queda la responsabilidad de uno mismo de buscar el reencuentro. Y esto es una decisión que uno puede o no tomar, pero una decisión que, si se toma, será a costa de dejar de contaminarnos continuamente, a costa de retomar nuestra fuerza, ilusión y respeto. A costa de reencontrarme conmigo y crecer rellenando mi vida con vida.

La buena noticia es que es posible. Es posible transitar este camino de forma segura y acompañado para llegar a buen puerto. Para ser. Para ver. Para escuchar y sentir. Para darnos y para dar.

Es posible asumir este dolor, que todos compartimos de una u otra manera, y hacer de él un impulso para dirigirnos a eso que realmente queremos, dirigirnos a ese espacio donde la paz se respira, y donde podemos sentir que el dolor hace parte de nuestra realidad y que aun así podemos seguir adelante sin escaparnos de nosotros mismos y cuidando todo lo que necesitamos cuidar.

Muchas veces pongo el ejemplo de que haríamos si viésemos a un niño llorando. ¿Le daríamos la espalada? ¿Le pegaríamos una patada? ¿Lo encerraríamos en una habitación oscura? Me responden que obviamente que no, que más bien lo acogeríamos y cuidaríamos. Pero también parece que la tolerancia se nos agota de adultos y nos es más fácil darnos la espalda cuando sufrimos. Y no deja de sorprender la ceguera que tenemos hacia este acto agresivo hacia nosotros mismos que causa más y más sufrimiento.

Es sin duda posible revertir este proceso. Lo se por lo que aprendí, por mi proceso, por los procesos de las personas que acompaño. Cuando nos comprometemos a crear una vida más verdadera, se abre todo un mundo de posibilidades ante nosotros.

Cómo decía Ramón Resino “Sal ahí fuera y haz lo que tengas que hacer, despacio, fuerte y tranquilo.”

MI VIDA TIENE VALOR

Siempre me ha encantado este vídeo que hoy quiero compartir.

Y me gusta por el derecho que siento que tengo a rebelarme. La rebeldía me parece que está degradada en la sociedad. Como otros autores me parece que la rebeldía debería ser una de las actitudes a cultivar en esta sociedad que por más “normal”, eficaz y evolucionada que se pinte tiene, por lo menos, una base muy enferma.

No creo que sea una sociedad enferma de valores como muchas veces se dice, o que la juventud ya no tiene educación, o que los políticos ya no son como antes, o que la tecnología ha venido a dominarnos.

Más bien creo que, como sociedad, se ha ido perdiendo el valor del sentido de humanidad. A veces parece que ya no somos todos personas sino que solamente existen grupos en contra de otros, partidos, clubs deportivos, empresas, ideologías en contra de otros. Pero cuando comparto momentos con gente mayor o más joven que yo, la sensación general es de que estamos profundamente sedientos de estar más cerca, de crear juntos, de confiar que es posible vivir de una forma en que la lucha merece la pena cuando va a favor de todos y todas, de luchar por la humanidad como grupo y que este no es más que otros grupos imprescindibles a la vida que se llaman en su conjunto Naturaleza.

En una sociedad como la que existe hoy en día, la rebeldía puede tener perfectamente su lugar cuando ésta nos permite abandonar el rebaño para pensar que es mejor, más sano para mi y para las personas que me rodean. Tal vez sea la rebeldía y el valor que cada uno damos a nuestra vida lo que nos permite abrir nuevos caminos hacia algo mejor, tanto para uno mismo como para nuestros seres conocidos y desconocidos.

La arrogancia y la prepotencia con la que afirmamos que ya lo sabemos todo, que somos los seres más evolucionados que han pasado por el planeta, nos hace caer en una trampa mortal.

Sin rebeldía no es posible cuestionar. Y parece que cuestionar la enfermedad que impregna esta sociedad, es algo que no se debe hacer y que además está siendo más y más penalizado por ley.

Creo totalmente en lo que dice Claudio Naranjo sobre esto: es esencial cambiar la educación para cambiar el mundo. Es esencial cambiar la educación para crear personas más que para adiestrar personas.

¿Será demasiado tarde? No se sabe.

¿Merece la pena intentarlo? Seguro que si,

PORQUE NUESTRA VIDA TIENE VALOR.

Pelicula Completa Network (1976) ddirigida por Sidney Lumet en https://vimeo.com/70970452

Taller “Al encuentro del cuerpo”

cartel taller cuerpo

 

Esta es una propuesta de trabajo y consciencia corporal. Sin ninguna duda, todo lo que nos ocurre se refleja, se expresa y se vive en nuestro cuerpo. Así que el trabajo va en el sentido de refinar la atención al lenguaje del cuerpo, sus señales y expresiones.

A través de diferentes trabajos y ejercicios individuales, en pareja y en grupo, entraremos en el camino de búsqueda curiosa de lo que está presente en cada momento. Al contactar de forma más clara con nuestras sensaciones, nos será posible reapropriarnos de ellas con el fin de movilizarlas para darnos lo que necesitamos, o lo que es lo mismo, darnos salud.

El taller está dirigido a adolescentes y adultos y no hay necesidad de conocimientos previos. Ropa cómoda, ganas y curiosidad. Los diferentes ejercicios serán herramientas que podrás utilizar por tu cuenta en casa.

El enfoque del taller es humanista asumiendo el cuerpo como guía. Se explorarán técnicas de relajación, activación corporal, meditación, escucha corporal, masaje, voz, respiración, etc.

Si estás interesado contacta a través del teléfono del cartel para más información o para reservar tu plaza.

Charlas – Febrero del 2015

Charlas 2015

Estas son dos de las charlas que haré en 2015.

Hablaré de varios temas desde una perspectiva humanista, sobre como poder rescatar la información corporal, emocional y mental con el propósito de crear una perspectiva más amplia y real de lo que es un conflicto en la vida de uno.
Habrá también espacio para el intercambio, preguntas con el fin de clarificar el trabajo terapéutico, de conocimiento y crecimiento a través de mi experiencia personal y de otros maestros que han sido y son un referente para mi vida.

La entrada es libre y gratuita
En la Clínica Barrientos – C/ Río Selmo 10 – Ponferrada

El (des)control de la vida

Llevo varios días cuestionándome sobre este tema, el tema del control. ¿Qué es control? Después de indagar, reflexionar, recurrir a mi experiencia y a la lectura de las frases sabias de varios maestros decidí finalmente escribir este post.

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el cielo está siempre presente

Podría empezar por decir que el control nos da seguridad, certeza, dirección, fuerza. También sin duda es una fuente inagotable de ansiedad y sufrimiento.

Me parece que existe la idea de que alguien que está en control es alguien que está, digamos, bien. Que es alguien que ha estado haciendo las cosas bien y por ello tiene control. Claro que no hablo aquí del control sobre otros – que dará para otro post – sino del control que uno siente que tiene sobre su vida, su entorno, su cuerpo, sus emociones y de la relación que establece con ellos. Diría incluso que esa persona que vemos que tiene el control es de alguna forma envidiada por el supuesto que su vida es buena.
Yo creo que en esto existe un sesgo, creado ya de forma infecciosa por una sociedad que nos enseña esto desde inicio. Pero además me pregunto sobre las vidas de personas que están llenas de sufrimiento, de angustia, de impotencia. Hay algo que hace que estas personas sigan viviendo sus vidas sin un cambio que las dirija a una vida más nutritiva. Y, aparte de otras cosas, el control juega aquí también el papel de que aporta significado a la vida. Es decir, el control sobre lo que ocurre en mi vida, por dañino que pueda ser para mi bien-estar, felicidad o como queramos llamarlo, mantiene un sentido de vida que es entendible y manejable para mi, y me ayuda a no derrumbarme ante el descontrol que puede provocar un pequeño cambio.
Tal vez por esto, en terapia se ofrece la oportunidad de explorar la vida sin el control neurótico. ¿Que pasa si experimento algo que, de inicio, considero que no hace parte de mi, de mi personalidad o de mi forma de ser? ¿Cual es el temor tan fuerte que me impide abandonarme a una experiencia nueva?
La psicología humanista, desde el marco de la gestalt, hace uso de esto mismo – poder ser el simpático y el grosero, ser el castrado y el castrador, rey y súbdito, etc. Y lo hace con la fe de que en el momento en que podemos ser un polo y el otro, de que nos damos el permiso de ser los dos extremos, nos completamos de alguna forma, nos unificamos más allá de estar divididos en partes aceptables y las no aceptables de una personalidad. Como decía Fritz Perls “todos somos mitad hijos de Dios y mitad hijos de puta”.
En el trabajo terapéutico lo que se observa es que uno gana en expresión, en autenticidad y una consciencia surge que nos permite observar los obstáculos y dificultades que nos imponemos, para así distanciarnos de nuestro verdadero ser mientras seguimos obedeciendo a las normas, etiquetas y deseos que recibimos de la familia, la educación, la religión…de la sociedad. Esta sociedad sigue luchando por que este despertar no se dé en nosotros, ofreciéndonos una ilusión de falso control sobre nuestras vidas que en tantas veces son proyectos de otros y de lo que es valorado socialmente. Al mismo tiempo se puede también observar como la persona al explorarse en sus diferentes partes (más allá de las que quiere controlar y que crean su identidad) se siente más entera, con los pies asientes en la tierra, más tranquila consigo mismo y con una apertura hacia la vida que la enriquece.
Quizá un camino para conocernos a nosotros mismos es el de permitirnos estar en el descontrol, en el no saber, en la novedad, al mismo tiempo que podemos escuchar el templo de nuestro cuerpo para así darnos lo que necesitamos.

Encuentros con los personajes

Son actores, vividores, artistas, poetas, jueces, niños, ancianos. Son morenos, rubios, altos y bajos, y vienen de cualquier parte del mundo. Son tantos los personajes que están presentes en nuestra vida desde que despertamos hasta que nos dormimos. Son madres y padres de hijos e hijas. Son constructores, destructores, amantes y compañeros, son ricos y pobres, son pasados y futuros.

En una era de comercialización y exaltación de la imagen, estos personajes entran por la puerta de nuestros ojos desde que nacimos hasta el día de hoy…ahora mismo ¿que personaje ves a tu lado?

Sin duda son personajes que nos aportan algo – delicadeza, agresividad, amor, ternura, envidia, popularidad, miedo, angustia, y un largo etc.

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Qué hacer con estos personajes, uno tras otro presentándose en el escenario de nuestras vidas. En realidad no encuentro una respuesta clara de qué hacer con ellos. Más bien es que puedo hacer yo ante ellos. Considero que lo que mejor puedo hacer es escuchar. Un proverbio chino dice: “Escucha, o tu cabeza te volverá loco”. Entre las muchas interpretaciones que pueden surgir de esta simple frase, una de ellas puede ser que si no escucho a estos personajes que todo el rato están desarrollando su función más o menos teatral en mi cabeza, ellos mismos se apoderarán de mi cabeza y en más o menos tiempo, el que desaparecerá por completo seré yo.

Escuchar no es un acto pasivo. Más bien es un acto de plena acción serena, con todos mis sentidos despiertos para captar las palabras y sensaciones que me transmite lo que escucho.

Tal vez sea esta escucha la que nos puede hacer volver a un verdadero contacto con lo que nos está pasando, un contacto cercano con el lenguaje de nuestro cuerpo, con nuestras emociones, un contacto verdadero con los personajes que habitan en nosotros y que vuelven y vuelven por su compromiso vital de transmitirnos un mensaje y una visión de nosotros mismos.

La otra posibilidad al proverbio chino es “Escucha y te volverás sabio.”

¿Psicoterapia Humanista para qué?

Es una pregunta que, además de las diferentes respuestas que podemos encontrar en la web, considero también importante responder desde este lugar.
Existen diferentes formas de abordar el tema o la necesidad de la persona que acude a terapia, con una situación de conflicto personal. Desde la terapia humanista el enfoque no va dirigido a dar instrucciones de como la persona puede resolver sus problemas, sino que este enfoque tiene como objetivo final la autonomía de la persona. Desde la terapia humanista – Gestalt – esta meta se puede alcanzar en el momento en que la persona se halla presente en lo que le ocurre, es consciente de ello y de como la afecta y además se hace responsable de esa misma situación y de sus acciones, emociones y pensamientos.


Desde este enfoque, el terapeuta no asume un rol de experto que aconseja, da instrucciones y resuelve las dificultades del cliente, sino que se coloca en el mismo nivel del paciente con la intención de poder ayudarlo a encontrar dentro de si una forma integrada y sana de contactar con la vida que le rodea. La palabra contacto está muy presente en toda la bibliografía de la Gestalt una vez que esta considera que estamos en continuo contacto con el mundo que nos rodea y en la medida que somos capaces de dar respuesta a nuestras necesidades el conflicto no se instaura de forma permanente. En la medida en que no encontramos la forma de ir hacia el mundo y satisfacer nuestras necesidades, no podremos alcanzar el punto de satisfacción, de saciedad para dirigirnos hacia otras necesidades que surgen a cada momento.
Ahora bien. Podemos ni ser conscientes de lo que necesitamos, podemos no saber como saciar nuestra necesidad por una dificultad emocional, física, etc., podemos quedarnos pegados al disfrute que produce la saciedad de una necesidad de tal forma que no podemos movernos hacia otra necesidad diferente que surja. En la terapia humanista – Gestalt – la función del terapeuta es de actuar como un espejo, podríamos decir, de manera a que la persona se “dé cuenta” de que está haciendo que le impide el flujo de moverse de una necesidad a otra. Es en este “darse cuenta” donde, muchas veces, la persona se encuentra con sus sensaciones físicas o emociones verdaderas de frustración, miedo, angustia, rabia, por citar algunas. Estas sensaciones pueden ser difíciles de afrontar por la carga emocional que conllevan, por ir contra la idea o identidad que hemos creado de nosotros mismos o con la que sentimos que nos proporciona una estabilidad frente a todas las situaciones de nuestra vida.
Lo que se descubre en terapia es que existe un enorme potencial dentro de nosotros que está dormido y que nos bate a la puerta una y otra vez. El terapeuta tiene la labor de sostener a la persona mientras contacta con estas partes suyas olvidadas o reprimidas, acompañándola en lo que surge a cada momento y ayudando a que esta vivencia personal y verdadera se haga más consciente y conduzca a un auto-apoyo personal sin la necesidad del apoyo externo, en este caso, del terapeuta. Este es el punto de autonomía, de verdadera maduración como lo dijo el creador de la Gestalt, Fritz Perls.

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A lo largo del proceso, la persona se va completando, observando la forma como ha perdido el contacto con todo su ser y al mismo tiempo haciéndose consciente de lo que esas partes que consideraba innecesarias o negativas, aportan a su vida.
Como dice Paco Peñarrubia, todos venimos de una carencia, en algún momento no nos fue dado lo que necesitamos y sobrevivimos a esto a costa de hacer algo que nos separó de nosotros mismos. Así, la terapia humanista busca que este contacto, real y verdadero, con uno mismo se restablezca y así, abrirnos a la vida y a todo lo que en ella existe y de la que somos parte.

¿Educación es para la producción o para el desarrollo humano?

¿Educación es para la producción o para el desarrollo humano?


Empiezo por mostrar a través de este vídeo, un tema con el que siempre he estado relacionado de forma activa tanto con alumnos como con sus respectivas familias. Cuán difícil se me hizo, con algunos padres o familiares de alumnos, exponer este tema que presenta el vídeo. Me hizo reflexionar sobre lo domesticados que estamos ya en estos momentos, tanto por opresión, pereza como por ignorancia, y esto mismo nos hace defender un sistema que no está en consonancia con nuestro potencial y desarrollo natural tanto individual como social.