Un poema que esconde tanto

De todo lo que se puede decir, de tanto que se puede discurrir, encuentro en un lindo libro de Erich Fromm – “Del tener al ser” – el siguiente texto:

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Vivimos en una época sin esperanza.
El hombre busca desesperadamente algo
en que creer y acude a los nuevos gurús.
Ni aun el hombre inteligente, de gran conocimiento, por desgracia, está a salvo
de formas primitivas de espiritualidad.

La fe apasionada, fanática, en ideas y prohombres
(sean cualesquiera) es idolatría. Se debe
a la falta de equilibrio propio, de propia actividad,
a la falta de ser.
Lo mismo ocurre con el gran amor: se convierte en
idolatría cuando alguien cree que la posesión de otro
da respuesta a su vida, le presta seguridad
y se convierte en su dios.

El amor no idolátrico a una idea o a una persona
es sereno, no estridente;
es tranquilo y profundo;
nace a cada instante, pero no es delirio.
No es embriaguez,
ni lleva a la abnegación,
sino que nace de la superación del yo

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Que gusto saber que tantas personas llevan años y siglos marcando el camino para una vida, donde la verdadera libertad y esperanza sean posibles

Amo la psicología II

Y entonces ¿qué se puede hacer desde esta profesión? ¿qué y cómo se puede generar en las personas un sentimiento, o tal vez llamarlo sabiduría, que les permita superar los estancamientos presentes en su vida personal, laboral, familiar, emocional…?

Este por lo menos ya se da cuenta de que existe algo fuera del bote.

Igual que los grandes maestros tampoco creo en las soluciones milagrosas. Soy anti recetas milagrosas, anti malabarismos y anti todo lo que no dignifica la persona como ser humano (y necesito aprender más sobre ello). Creo, y más que una condición de fe, veo y aprendo de aquellos que constatan la realidad de que el proceso de sanación pasa por deconstruir las estructuras que nos han sostenido a lo largo de tantos años. Es un proceso de “guerra santa contra el ego” como lo describe Claudio Naranjo, y solo a partir de este proceso de deconstrucción uno puede ver las raíces de esos atascos, de esas formas de hacer en contra de uno mismo, ciclos y ciclos repetidos millares de veces a lo largo de la vida de destrucción de uno mismo y que impiden ver lo que realmente somos, que siempre, siempre seremos más de lo que creemos ser o de lo que decimos ser.

Se trata de la deconstrucción de lo que nos llevamos contando que somos para ir iniciando el viaje de reconstrucción de uno mismo. Pero es este proceso el que no ocurre mágicamente. Es un proceso que requiere de uno mismo paciencia y comprensión, salirse de la dinámica tan extendida de quererlo todo ya. Es un proceso que implica el mismo cuidado de un nuevo ser vivo, que en cada momento a lo largo de su crecimiento necesita cosas diferentes y que grita una y otra vez por que estemos ahí para dárselo. Y a medida que podemos sostenernos por nosotros mismos ante cada paso del camino, se lo podremos dar.

Entonces ¿cómo puede la psicología ayudar a que la persona embarque en tal hazaña?

Ayudando a la persona a ir sintiéndose más fuerte y a percibirse más capaz de observar  su realidad. Y esto es algo que surge de la relación de confianza que se establece entre terapeuta y persona. En la medida que esta siente que le es ofrecida la oportunidad para sentirse, expresarse y mostrarse como realmente es, al mismo tiempo que es acogida en cada paso que da,  se va abriendo la perspectiva, se va extendiendo el horizonte, se va desplegando el fortuito e inmenso entramado de la vida de cada uno. Una forma de decirlo sería que la psicología permite que, ante el miedo o angustia que puede producir un paisaje tan amplio, la persona se vaya construyendo su silla a su medida, como sastre carpintero cuidadoso, meticuloso y dedicado, para terminar sentándose en su lugar y contemplar lo que alcanza su mirada y cuerpo en todas las direcciones.

La importancia de la contemplación desapegada es un tema que tiene milenios de investigación pero, de alguna manera, se sigue olvidando y desatendiendo en casi todos los aspectos de la vida. Y digo casi porque el agricultor ecológico la tiene, el verdadero artista la tiene, el maestro la tiene. Para desarrollarla se hace imprescindible el compromiso inquebrantable con uno mismo porque ¿en que se convierte la vida si esto no está presente? Y este mismo compromiso también se va construyendo a medida que uno puede confirmar con su experiencia que es por ahí por donde la vida se convierte en un escenario de posibilidades, que lo que nos contaron o nos dijeron de nosotros mismos, es muy limitado y casi siempre incompleto cuando no incorrecto, y que es importante no considerar lo que nos contamos sobre nosotros mismos como verdades absolutas. Y por otro lado la esencia del trabajo se hace sobre la práctica de atención sobre uno mismo, que siendo sanamente egoísta puede empezar a darse lo que realmente quiere y necesita en cada momento.

Llevo varios meses repitiendo una frase y que estoy integrando como un mantra para recordarme en cada momento donde estoy – Estar vivo es la hostia! – Ya se que no es la frase más elegante para ser un mantra, pero a mi me sirve para recordar en cada momento la inmensidad de belleza, amor y abundancia que la vida contiene. Siempre disponible. Siempre presente. Siempre posible de alcanzar sobretodo con la ayuda de aquellos que ya transitaron ese camino de descubrimiento.

Son muchos y muchos más seguirán ese camino. Como ahora está más presente después del SAT 3, os dejo con las frases sabias del maestro budista del siglo 8 Padmasambhava, extraído de Enseñanzas a la Dakini, Instrucciones orales de Padmasambhava a la Dakini Yeshe Tsogyal. Ed. Imagina, 2006. Pág.148-149:

-El maestro Padmasambhava dijo: si sigues estas intrucciones, hay formas de ser feliz.
-La dama Tsogyal preguntó: ¿Qué debemos hacer?
-El maestro dijo:
Puesto que el lodazal del apego y el aferramiento no tiene fondo, serás feliz si abandonas tu patria.
Puesto que el estudio y la reflexión sobre distintos campos del conocimiento no tiene fin, serás feliz si realizas tu mente.
Puesto que la hueca conversación cotidiana no acaba nunca, serás feliz si te mantienes en silencio.
Puesto que las actividades de diversión mundanas nunca terminan, serás feliz si puedes permanecer en soledad.
Puesto que nunca se termina la actividad, serás feliz si puedes abandonar la acción.
Puesto que nunca se tiene suficiente con la riqueza acumulada, serás feliz si puedes desprenderte del apego.
Puesto que tus odiados enemigos nunca pueden ser sometidos, serás feliz si puedes superar tus propias emociones perturbadoras.
Puesto que los familiares a los que estás apegado nunca pueden ser satisfechos, serás feliz si puedes cortar con tu añoranza.
Puesto que la raíz del samsara no se puede arrancar, serás feliz si puedes cortarla rompiendo con tu apego al ego.
Puesto que los pensamientos y los conceptos nunca se agotan, serás feliz si puedes ir más allá de la actividad pensante.
En general, los seres que no se liberan del apego al ego no son felices. Ellos sufren durante mucho tiempo en los reinos del samsara.

Por estas cosas amo la psicología. Por esto y mucho más. Tal vez lo que más me despierta este amor es la grandiosidad del conocimiento desarrollado a lo largo de tantos millares de años, por gente que, como nosotros, eran curiosos y querían vivir mejores vidas ellos/as mismos/as y querían que los demás pudiesen también hacerlo. Lo mejor de todo es que es un amor compartido con tantos amigos, compañeros y compañeras que hemos coincidido a lo largo de la vida, buscando y cuestionándonos preguntas similares. Un amor de todos, y que compartimos.

Que bonito me parece.

 

Me retrato…un poco más realista

Después de meses sin escribir, habiendo asumido un compromiso con los lectores y seguidores de escribir una vez por semana, o dos, y no haber cumplido con ello, hoy me toca retratarme.

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Lo que este sitio me permite es poder retratarme como desee. Así que la elección de la forma de retomar este espacio de encuentro y reflexión, va a ser una que más que justificarme o pedir perdón por ello, permita tanto para mi como para ti, abordar este tema de una forma comprensiva. Y si llamo a este blog, Psicología para el Ser, empezar por el que yo soy en este momento me parece acertado.

Tengo claro que los meses anteriores de trabajo fueron duros. La creación de mi nuevo espacio de consulta, el trabajo de terapia, formación y tutoría de una formación Gestalt en Centro de Psicología Humanista Pañña (Santiago de Compostela) me impidieron dedicar tiempo a otras cosas que me gustan, por ejemplo mi huerto que este año decidí dar descanso. Diferentes trabajos y fines de semana fuera, viajes, y la elaboración de un documental que saldrá a la luz en breve, ocuparon el tiempo…En realidad el resto del tiempo procuré descansar que, como dice Urbano, un vecino del pueblo “para descansar también hace falta tiempo”. Esto fue lo que pasó realmente, y una vez más no intento que sea una justificación. Donde quiero llegar es a poder comprender las diferentes causas que me separaron de realizar algo que me gustaba hacer como era compartir mi experiencia a través de la palabra en este espacio.

Así que esta fue un poco de mi vida, por lo menos la que en parte, y creo que solamente en una pequeña parte, explica mi desaparición de este espacio.

Otra parte tiene que ver com el compromiso que hice conmigo mismo de escribir artículos que supusiesen una reflexión y por ello tendrían que ser extensos, incluir autores, ser biográficos, conectar con estudios recientes, etc. etc., y a lo largo de estos meses realmente no tuve ni el tiempo ni las ganas de escribir tan detalladamente de forma a transmitir un mensaje. Pero en esto hay una trampa que me he estado haciendo. Y la trampa tiene que ver con la exigencia que me estaba colocando por escribir de una manera, con las palabras y referencias concretas y ricas al mismo tiempo. Una exigencia que en realidad lo que estaba haciendo era que, incluso cuando intenté escribir algo para publicar, me estaba diciendo que eso no era suficiente, no era suficiente maduro, reflexionado, que era muy criticable, y que podría hacer que la calidad del blog bajase.

Y ESTO ES UNA LOCURA!!!!!!!

Estos son mis muros, mis obstáculos, los que me impiden ver una realidad más amplia. A esto volveré más adelante.

La otra gran parte de este abandono de este espacio tiene que ver con um modus operandi con el que convivo. En relación a este espacio sería algo así como que el acto de crear el blog me encantó, me daba mucha vida poder estar compartiendo mi conocimiento o experiencia, investigar, leer sobre temas relacionados con las cosas que ocurren en mi vida con la intención de profundizar en la misma existencia humana. Esto es para mi un subidón, esta curiosidad incesante que me atrae y me lleva de la mano. Pero lo que también me pasa es que en el momento en que veo (o más bien considero internamente que ya he cumplido) que ya hay diferentes temas interesantes en el blog, un número inesperado de seguidores y de visitas (vigilar esto era importante todos los días) feedback de personas importantes para mí, etc. me desinteresé del tema y lentamente allá me iba yo por el mismo camino que tantas veces he hecho de irme apartando de algo que creo porque el subidón ya no es tan grande. Y esto solo tiene un nombre – adicción. Puedo decir que aunque no me inyecte heroína, en mi estaba presente esta obsesión de seguir colgando artículos, de revisar los estudios publicados, de revisar el número de visitas, pero llegó un momento en que eso ya no daba el subidón suficiente. Así que surgió el desinterés. Hasta la semana pasada. Cuando realmente me di cuenta de todo esto que me estaba haciendo actuar de una manera concreta, y al mismo tiempo descuidar un espacio mío que comparto con otras personas.

Así que no es que no tuviera tiempo, no es que no tuviera el subidón como antes, no es que me exigiese demasiado, sino que fueron estos tres aspectos los que me hicieron dejar de responder al compromiso que había hecho. Y con esto no quiero seguir siendo exigente conmigo o fustigarme por ello. Pero si ser comprensivo conmigo y con este proceso que está dentro de mi y seguramente seguirá hasta que me muera.

La cuestión que creo que puedo hacerme aquí, una que es tan clara cuando la hago a las personas que acuden a la consulta o en los grupos con los que trabajo, es ¿donde estoy yo forzando la máquina que me hace volverme rígido conmigo mismo para al final maltratarme al decir que no soy suficiente o lo que hago no es suficiente?

Y para responder una de las cosas que puedo hacer es reformular mi planteamiento y ser honesto conmigo que es la única forma de ser honesto con los que por aquí pasáis.

Para ello necesito flexibilizar mi postura conmigo mismo, y así poder ver otras formas de compartir. Queda claro que esa visión estrecha de tener que escribir artículos de tal y tal manera no me funciona, por lo menos a largo plazo. Y esto toca el tema de poder asumir y aceptar un límite que tengo, que no tengo la paciencia, ni la facilidad de escribir dos veces por semana. Puedo asumir el compromiso de escribir dos veces al mes. Con esto estoy cómodo.

Puedo también flexibilizar mi ataque diciéndome que “no es que seas un mentiroso o un vago, sino que la expectativa de escribir de x manera y cada x tiempo, está muy por encima de la realidad. Seguramente esto me puede ayudar a ver cuál es la necesidad que está debajo de esta exigencia y ver si es una necesidad real o es un mandato impuesto. Seguro que la necesidad pasa por que tu al leer lo que escribo termines diciendo “guau!!! que bien escribe” “que exposición más inteligente” y un largo etc. tan egóico que solamente grita “MIRÁDME”. Y así, como tantas veces he aprendido con Ramiro Díaz, el director y terapeuta de la escuela Pañña, poder cuidar al ser que está gritando continuamente y desconsoladamente.

Es increíble como estos gritos están presentes en todos nosotros y como estos gritos se traducen en tantas expresiones, acciones, miradas, palabras y gestos en tantos ámbitos de nuestra vida.

Creo realmente en lo que escuchaba esta mañana a Gabor Maté sobre los cuatro niveles de compasión. El primero, más natural y humano, el que de alguna manera la gran mayoría de nosotros somos capaces de sentir – cuando vemos a alguien sufrir, deseamos que no sufra. El segundo nivel, más profundo, Maté lo llama la compasión de la comprensión que tiene que ver con que no solo sentimos que el otro esté pasando un momento de dolor pero además nos preocupamos por saber que le pasa realmente. Este es un paso que la mayoría de los políticos, educadores e incluso médicos no se preocupan en dar. Seguramente porque no quieren ni siquiera oler el dolor que está dentro de ellos. El tercer nivel, el de la compasión de la identificación, cuando uno realmente se da cuenta de que la otra persona no es sustancialmente diferente de nosotros, que solamente elige un determinado camino para manejar su dolor, los mismos dolores expresados de diferente manera. Y el cuarto nivel, el de la compasión de la posibilidad, donde según Maté la palabra recuperación (personal/médica) entra en juego, cuando uno recupera uno encuentra. Entonces ¿que encuentra una persona que recupera? Se encuentra a ella misma, lo que también significa que esa  persona nunca perdió su self sino que solamente perdió contacto consigo misma. Y esta es la gran pérdida en nuestra vida. No tanto el dolor que pasamos, abandono o abuso, sino que eso hizo que perdiésemos contacto con nosotros mismos. Y es esto lo que hace que continuamente estemos llenando ese vacío con algo de fuera.

Así que el tema es de que SI es posible recuperar nuestra vida, ajustarme a ella tal como es, y SI esto se consigue por asumir verdadera y amorosa responsabilidad sobre el proceso de vida que transitamos.

Dicho esto, al retratarme puedo también encontrarme, atender a mi verdadera necesidad y ser más amoroso, menos exigente conmigo. Puedo ser más realista con lo que quiero hacer y con lo que deseo hacer. Al retratarme aquí buscó dos cosas: una, la de ser honesto con los que seguís este blog y que sepáis que podéis esperar de mi. Y dos, abrir otra puerta para ser honesto y tolerante conmigo. Es curioso que las multinacionales tienen instaurados sistemas de reevaluación continuos para garantizar el bienestar y la producción pero el sistema educativo o médico no lo tiene de forma a dar una respuesta a las necesidades presentes de las personas…pero esto sería un tema muy diferente.

Termino concretando. Escribiré dos veces al mes, artículos de todo tipo, con significado dentro del tema que aquí se trata y también el subidón que sienta al seguir cuidando este espacio lo voy a disfrutar más lentamente.

Salud a todos/as.

Como bombón un vídeo del Dr Gabor Maté en las Ted Talk

El poder de la adicción y la adicción al poder. TEDxRio+20

Terapia CON padres

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Una situación que observo una y otra vez en mi trabajo como terapeuta, al acompañar a familias e hijos/as, es la dificultad de los padres en dar espacio al comportamiento de su hijo/a. Y esto surge sobretodo, y las situaciones son muy variadas, por una expectativa de los padres sobre el crecimiento de sus hijos. Esta se vuelve a veces tan fuerte que observo como es difícil que puedan tomar otros puntos de vista sobre la situación de su sistema familiar.

Para mi es completamente visible el desgaste de padres y madres mientras intentan que su hijo cambie, deje de hacer determinado comportamiento o empiece a hacer otro que ellos sienten que le falta. Puedo observar en su rostro o en su discurso el dolor y muchas veces la culpa que cargan y es en este momento de más desesperación o impotencia cuando acuden a terapia solicitando ayuda.

Mi apoyo se inicia desde la primera entrevista, escuchando atentamente lo que les trae a la consulta, escuchar su dolor, sus quejas y deseos.

Muchas veces la situación ha provocado tal desgaste que, ante la dificultad, el sistema por completo ha integrado una dinámica de la que cuesta salir. El camino sin duda pasa por que puedan observar eso que están haciendo y que una y otra vez les hace chocar contra la misma pared.

Pero si estamos de acuerdo en que cuando uno decide tener un hijo asume también un papel de acompañante vital de esa nueva vida, de responsabilizarse de su crecimiento y de responder a sus necesidades, entonces es sin duda a los padres a quien corresponde en gran medida, articular, explorar y abrirse a otras posibilidades de acción. A esto me refiero con dejar espacio al comportamiento del hijo, a que es a los padres a quien, como adultos, se supone que pueden parar ante una situación, reflexionar, cuestionarse que es lo que está pasando y actuar a partir de aquí. Creo que esto es una forma más sana de acompañar a un niño o adolescente y no tanto la postura de poder que se auto-otorga el adulto. Como sistema que es la familia, las relaciones no son unilaterales sino que todo lo que pasa es afectado y afecta a todos, y en esto incluyo tanto las alegrías, las dificultades y los aprendizajes.

Por mucho que queramos que nuestro hijo sea diferente o soñemos con una vida más tranquila si el hijo hiciese esto o lo otro, es importante partir de la base que el hijo con 6 o 13 años tiene de momento los recursos que tiene y que él, como todos, está intentando hacerse un lugar para caminar hacia la vida, hacia el crecimiento y la felicidad. Y en este caminar existe un comportamiento, una forma de actuar que provoca tensión en todo el sistema.

Esta tensión no es más que la manifestación de una necesidad no cubierta, más que del hijo creo que muchas veces de todo el sistema, algo que se desatendió en algún momento y que ahora aflora con más o menos intensidad.

La buena noticia es que podemos ver toda la situación desde otro lugar y así comprender las diferentes fuerzas que están ocurriendo. Y a mi me encanta dar buenas noticias.

Es posible tomar una perspectiva donde, al final, uno puede darse cuenta de que el sistema como un todo está manifestando una situación que necesita ser atendida para seguir creciendo. Porque podemos tomar el sistema como un complejo entramado de relaciones que busca su expansión. Si podemos desapegarnos del enganche al que estamos sometidos y observar el mapa más amplio de la situación, es más fácil poder observar como la tensión del presente toca diferentes heridas, tanto de los hijos como de los padres. Para esto surge la tensión, para poder sanar esas heridas que se perpetúan por el simple hecho de no atenderlas.

Cuando todo el sistema familiar se compromete con curiosidad y coraje, más que con culpa y rechazo, a ver la situación en la que están, el trabajo en terapia se vuelve maravilloso para todos. Es un trabajo en el que ya ninguno baila al son de nadie sino que cada uno ve tanto la importancia de si mismo y del otro en el sistema. El padre se da cuenta que eso que está ocurriendo es muy similar a lo que le ocurría en cuanto niño. El hijo puede sentir que sus padres no están en su contra sino que intentan hacerlo lo mejor que saben y pueden.

Podría resumir esto con una escena en que todos los familiares dicen que “vamos a dejarnos de culpas, de resignación, y vamos a ver que podemos hacer para llevarnos mejor de una vez por todas”.

Aunque sea un sistema, la familia no es un ser mecánico. Es más bien un ser orgánico que siente se mueve y sin duda está en constante búsqueda de su crecimiento. Cuando algo impide este crecimiento surgen las dificultades. Atenderlas permite que el sistema como un todo vuelva a encauzar su camino de crecimiento.

Un Poema lo dice todo

Un poema lo dice todo, un autor comparte tanto, una idea o sensación toca de verdad, en la piel del alma, que es la de uno y la de siempre. Una vida da para tanto.                             Hoy comparto un poema que me tocó con tal sutileza para resumir mis pensamientos, teorías e ideas, sentidos y esfuerzos, para resumir mi fe y mis dudas…para qué transformarlo en algo más. A lo mejor queda mucho que decir, o cada uno tiene algo que quitar o acrecentar, pero ese es el resultado mismo de la transformación que se inicia en uno a través de las palabras de otro. Que no sea en vano. Que nada sea en vano.

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de Poemas de Alberto Caeiro

Tengo la mirada nítida como la de un girasol.                                                                                    Tengo la costumbre de andar por las carreteras                                                                        Mirando a la derecha y a la izquierda,                                                                                                            Y de cuando en cuando mirando para atrás…                                                                                              Y lo que veo a cada momento                                                                                                                                Es aquello que nunca antes yo había visto,                                                                                                  Y se darme cuenta de eso muy bien…                                                                                                            Se tener el asombro esencial                                                                                                                         Que tiene un niño si, al nacer,                                                                                                           Observase que había de hecho nacido…                                                                                                       Me siento nacido a cada momento                                                                                                             Para la eterna novedad del mundo…

Creo en el mundo como en una margarita,                                                                                          Porque lo veo. Pero no pienso en él                                                                                                        Porque pensar es no comprender…                                                                                                                El mundo no se hizo para que pensemos en él                                                                                  (Pensar es estar enfermo de los ojos)                                                                                                        Pero para mirarlo y estar de acuerdo…

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…                                                                                                           Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que ella es,                                                         Pero porque la amo, y la amo por eso,                                                                                                     Porque quien ama nunca sabe lo que ama                                                                                                 Ni sabe porque ama, ni lo que es amar…

Amar es la eterna inocencia,                                                                                                                                     Y la única inocencia es no pensar…

Alberto Caeiro fue un personaje de ficción creado por Fernando Pessoa, siendo considerado el Maestro Ingenuo de los demás heterónimos (Álvaro de Campos y Ricardo Reis) e de su propio autor, a pesar de que apenas hizo la instrucción primaria. (fuente: Wikipedia – Alberto Caeiro)

Desencuentros y reencuentros

Cuantas veces nos quedamos sin saber a donde ir o cómo hacer. Y que difícil es estar en el no saber. Difícil porque inevitablemente entramos en un terreno sin ser poseedores del control que tanta seguridad da (y tanta ceguera produce).

el cielo siempre está

No es que esté en contra del control, ni siquiera en contra de la ceguera. Más bien estoy a favor del buen uso de cada una, como herramientas. Y a nadie se le ocurre romper una pared con un pañuelo de seda. Cada uno, el martillo y el pañuelo sirven para lo que sirven, si los utilizamos sin atención al verdadero uso y utilidad que tienen (aunque puedan ser muchos) terminaremos frustrados, pues aquella pared no se romperá.

Lo mismo ocurre con el control. Sirve, es válido y útil para determinadas cosas, para realizar determinadas tareas pero bastante inútil cuando queremos que el control lo controle todo. Cuando es así creo que se produce un desencuentro existencial con la realidad de uno y se queda a merced de ideas más o menos tóxicas que tenemos dentro de nosotros y que no sirven realmente para nuestro propósito.

Y ¿cuál es nuestro propósito?

Pues es difícil sino imposible saber cuál es si no nos damos tiempo para una escucha atenta de lo que nos hace falta o de lo que nos sobra. Esto es lo que permite realmente que podamos hacernos caso y, así, dirigirnos hacia donde necesitamos, con un impulso verdadero que nos guía desde dentro.

Es algo común que un paciente comente que le parece que alguien está viviendo la vida por él o ella. Y también es común que alguien se de cuenta de que no ha vivido en los últimos 10 o 20 años de su vida. Vivir en la fantasía y vivir en la realidad implica vivir en o con el dolor. La diferencia crucial es que vivir en la fantasía, en la inconsciencia de uno mismo, de lo que le rodea y como le afecta, puede parecer más fácil. Yo así lo creía. Pero vivir en la fantasía implica también una actitud de escape, de huida de lo que somos, de lo que queremos, sentimos o deseamos. Y solo se puede escapar de algo así porque existe un dolor que de alguna manera sentimos que no somos capaces de ver o tolerar. Por su parte, vivir en la realidad implica un compromiso de uno para estar con lo que hay, con ver claramente lo que se tiene delante, lo que nos empuja y lo que nos frena, lo que nos emociona y lo que resulta frío. Aquí también viene en el pack el contacto inevitable con el dolor. Y no es fácil hacerlo, no es un lugar agradable cuando uno se da de frente con su realidad. Pero al revés de la fantasía, vivir en la realidad es posiblemente el único camino que existe en este mundo para trasmutar ese dolor, para cuidarnos mientras estamos doloridos. Es la forma de poder iniciar un camino en el que vamos a nuestro favor y no en nuestra contra.

Es posiblemente la única forma en este mundo de poder reencontrarnos con nosotros mismos, darnos la mano y caminar atentos a cada paso. Es la forma de volver a encontrarnos con los demás y poder verlos de verdad como personas que son, no como ideas que proyectamos.

En esto tampoco hay culpables…nadie es culpable. Todos venimos de lo mismo, de un acomodamiento a nuestro medio desde temprana edad que implicó firmar un contrato de desencuentro con nosotros mismos, con nuestra espontaneidad, con nuestra fluidez. Nos separamos de esto por sobrevivir, por tirar para adelante y si estás leyendo esto es que lo has conseguido. Ahora, una pregunta que me hago es: ¿He conseguido sobrevivir a costa de qué? Como mínimo a costa de olvidarme de mi, a costa de no atenderme realmente y ser en función de lo que era aceptable y lo que no.

Podría llamar a esto el desencuentro primordial. Pero a partir del momento en que uno se da cuenta de este desencuentro solo queda la responsabilidad de uno mismo de buscar el reencuentro. Y esto es una decisión que uno puede o no tomar, pero una decisión que, si se toma, será a costa de dejar de contaminarnos continuamente, a costa de retomar nuestra fuerza, ilusión y respeto. A costa de reencontrarme conmigo y crecer rellenando mi vida con vida.

La buena noticia es que es posible. Es posible transitar este camino de forma segura y acompañado para llegar a buen puerto. Para ser. Para ver. Para escuchar y sentir. Para darnos y para dar.

Es posible asumir este dolor, que todos compartimos de una u otra manera, y hacer de él un impulso para dirigirnos a eso que realmente queremos, dirigirnos a ese espacio donde la paz se respira, y donde podemos sentir que el dolor hace parte de nuestra realidad y que aun así podemos seguir adelante sin escaparnos de nosotros mismos y cuidando todo lo que necesitamos cuidar.

Muchas veces pongo el ejemplo de que haríamos si viésemos a un niño llorando. ¿Le daríamos la espalada? ¿Le pegaríamos una patada? ¿Lo encerraríamos en una habitación oscura? Me responden que obviamente que no, que más bien lo acogeríamos y cuidaríamos. Pero también parece que la tolerancia se nos agota de adultos y nos es más fácil darnos la espalda cuando sufrimos. Y no deja de sorprender la ceguera que tenemos hacia este acto agresivo hacia nosotros mismos que causa más y más sufrimiento.

Es sin duda posible revertir este proceso. Lo se por lo que aprendí, por mi proceso, por los procesos de las personas que acompaño. Cuando nos comprometemos a crear una vida más verdadera, se abre todo un mundo de posibilidades ante nosotros.

Cómo decía Ramón Resino “Sal ahí fuera y haz lo que tengas que hacer, despacio, fuerte y tranquilo.”

Tocar el Sonido

Hoy decido, por capricho y por gusto inmenso, reponer una película que me encantó – Touch the Sound un viaje sonoro con Evelyn Glennie

Touch the sound

¿Porqué volver a esta película? Por sentir que sin escucha no somos mucho, sin escucha de uno mismo estamos vendidos a ideas de otros, sin escucha de los demás estaremos encerrados en la jaula de nuestra cabeza que tantas veces habla y tan pocas escucha.

Evelyn Glennie es una mujer con una discapacidad auditiva severa desde los 12 años y que creó una carrera impresionante como músico. La historia de alguien que sin duda escuchó su ilusión y la siguió.

Una frase que creo que va acorde con la película es la que expone Valborg Werbeck-Svardstrom en el libro “Desvelar de la Voz” desde la filosofía de Rudolf Steiner y su Ciencia Espiritual.

“Es una bendición divina que hayamos recibido como regalo de los mundos celestiales un camino como el arte y por el arte, a través del cual podamos purificar y engrandecer nuestra naturaleza humana. Tal sensación solo puede ser experimentada por el verdadero artista y por quien, en lo más profundo de su alma, sea capaz de sentir una autentica religiosidad. Ambos vivencian en sus momentos creativos, aunque de manera naturalmente ingenua, la realidad inmediata de ese mundo espiritual superior, conectado al mundo terrenal. Pero ¿en qué consiste su actividad sino en construir puentes entre los márgenes de esos dos mundos? Esos puentes deberán ser fuertes y seguros, con el fin de sostener muchas almas que, aun no siendo ni sacerdotes ni artistas, traigan en si el germen de un ansia inconsciente de liberación del oscuro vacío de una cosmovisión materialista.”

Chogyal Namkhai Norbu dice

Chogyal Norbu

“El verdadero valor de las enseñanzas está más allá de las superestructuras que la gente  crea, y para descubrir si las enseñanzas constituyen, realmente, algo vivo en nosotros, sólo tenemos que observar hasta qué punto, aplicándolas, hemos conseguido liberarnos de todos los factores que nos condicionan.”

Chögyal Namkhai Norbu es un profesor universitario jubilado, escritor y maestro de Dzogchen

La buena despedida será siempre un encuentro

Ayer terminé de leer un libro. Un librito que ni sabía que estaba en casa pero que al ver su título “En tu desierto” y el autor – Miguel Sousa Tavares – me empujaron a darme un baño de novela. El autor es un reconocido periodista, reportero y director de revistas de periodismo en Portugal. Leí antes sus libros y los sigo recordando con mucho gusto.

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Pero el librito…una história, relato, diario de un viaje que el autor hizo por el desierto en compañía de Cláudia.

Lo primero que aparece para leer es:

(Al final tu mueres. Al final del libro, tu mueres. Así, como se muere en las novelas: sin aviso, sin razón, a beneficio simplemente de la historia que se quiso contar. Así, tu mueres y yo cuento. Y quedamos de cuentas saldadas.)”

Miguel sigue describiendo la labor de contar esta historia como algo que nunca había querido compartir durante veinte años “Tal vez tenía miedo de estropear el recuerdo de esos lejanos días, miedo de mover, para mejor exponer las cosas, esa fina capa de polvo donde descansa, simplemente adormecida, la memoria de los días felices.” Él decide remover ese polvo de su historia y darle forma de contacto con aquella acompañante de viaje que, como él prometía, ella muere al final del libro.

¿Que hace que esté aquí contando esto? La forma como me tocó, el sabor que me dejó ver, así escrito, el acto de hacer valer la verdad sobre todo lo demás, el acto de honestidad de plasmar lo que fue con toda la crudeza, felicidad y dolor. Hacer de lo que no había hecho, una bella despedida honrando al que ya no está, como una carta que se deja escrita a alguien que muere y se entrega a los ángeles para que se la lean. Un acto interno de fe en que el diálogo con esa persona todavía se sigue produciendo dentro de uno, que puede cambiar, que pueden todavía colocarse las cosas en su debido lugar a través de la palabra y del acto. Las cuentas se pueden saldar siempre que se honre la verdad de la relación.

Y cuantas veces se nos quedan cosas que decir, pedir y dar a aquellos que ya no están entre nosotros. Pero es una realidad que siguen vivos dentro de uno. Tal y como seguía viva Cláudia para Miguel. En un acto de entrega él decidió retomar su historia, sacarla del cajón para, al final, encontrar un lugar para aquella chica, para aquél encuentro, un lugar de descanso para ella dentro de él y para él junto de ella. Creo que él así lo cuenta cuando su última frase del libro es “Solo ayer me di cuenta de que habías muerto” y las cosas pendientes habían quedado ahora con un poco más de paz aun con toda la tristeza, con un poco más de descanso aun con todos los recuerdos.

Después de leer En tu desierto, recordé a aquellos a los que siento que me queda pendiente la despedida. Recuerdo sobretodo a mi abuela Zulmira a quien no pude, no supe o no quise acompañar en su entierro. Me dio tanto durante el tiempo que pase con ella y cuando se murió mi vida cambió. Para mi también han pasado veinte años desde que murió y dentro de mi llevo veinte años hablando con ella con una promesa de visitarla en Lisboa un día.

Es increíble lo que perduran los que mueren dentro de nosotros. Tal vez porque los seguimos necesitando o tal vez porque del contacto con ellos todavía podemos aprender…tal vez porque seguimos buscando, de forma indefinida, que es como tiene que ser la búsqueda en estado puro como dice Claudio Naranjo.

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Tal vez sea el diálogo que mantenemos con quien ya se murió, lo que nos recuerda que un día tampoco estaremos…tal vez sean esos seres que mantenemos vivos en nosotros lo que, más allá de nuestra neuroticidad de estar dormidos y creernos eternos, nos recuerda que de verdad esto se acaba. Y mientras dura hay tanto que se puede hacer.