¿Para qué un proceso personal?

El inicio de terapia es un momento delicado para la persona que solicita ayuda. Es un momento en el que uno se decide a hacer un proceso personal por muy variadas razones, pero que en esencia, la persona siente que le falta apoyo para hacer frente a la dificultad que emerge.

Sala de consulta

Así que ¿que le digo a alguien en un primer momento?

Le digo que se tome este espacio de terapia como uno que está construyendo en su vida. Y la invito a que también contemple este espacio como uno que la puede ayudar a entender, a comprender la situación que atraviesa y a redescubrir los recursos que tiene para afrontarla, para al final estar en paz, que no es lo mismo que estar todo el rato tranquilo.

Que no es que la vida se convierta en un camino de rosas sino que uno aprende a ser capaz de afrontar las dificultades con un poco menos de soledad, un poco menos de aislamiento, con un poco más de auto-apoyo, sabiendo pedir un poco más, dejarse acercar a personas que le aportan en relación a su necesidad y a apartarse un poco más de esas situaciones que, veo últimamente que se empiezan a llamar “tóxicas” cuando, en realidad, son las situaciones que nos hacen preguntarnos las cuestiones más relevantes en la vida:

¿Quiero esto? O ¿no quiero esto? O ¿Ante esto, que hago, como lo hago? Y uno aprende en su proceso terapéutico a hacerlo sobretodo de una forma que sea menos dañina para uno mismo, con un poco más de cuidado hacia nosotros. Y ante este respeto que uno aprende a tener por si mismo, da lugar al respeto por el otro, a poder comprender al otro, por reconocer que uno también ha pasado por situaciones similares, dificultades similares.

Nos encontramos en vida y nos reconocemos afines.

Las personas que vienen a terapia vienen en su búsqueda personal ya de por si. Son personas que quieren seguir buscando y en su trayectoria uno, como terapeuta, surge para ser acompañante de su búsqueda.

Para terminar, os invito a participar en la charla ¿Para qué hacer un proceso personal? que realizaré el próximo 18 de enero a las 20.15h en DOSMILVACAS_Ponferrada.  En ella abordaré con más detalle estos aspectos así como aclarar la visión y la dirección de la terapia Gestalt en el acompañamiento terapéutico.

 

Me retrato…un poco más realista

Después de meses sin escribir, habiendo asumido un compromiso con los lectores y seguidores de escribir una vez por semana, o dos, y no haber cumplido con ello, hoy me toca retratarme.

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Lo que este sitio me permite es poder retratarme como desee. Así que la elección de la forma de retomar este espacio de encuentro y reflexión, va a ser una que más que justificarme o pedir perdón por ello, permita tanto para mi como para ti, abordar este tema de una forma comprensiva. Y si llamo a este blog, Psicología para el Ser, empezar por el que yo soy en este momento me parece acertado.

Tengo claro que los meses anteriores de trabajo fueron duros. La creación de mi nuevo espacio de consulta, el trabajo de terapia, formación y tutoría de una formación Gestalt en Centro de Psicología Humanista Pañña (Santiago de Compostela) me impidieron dedicar tiempo a otras cosas que me gustan, por ejemplo mi huerto que este año decidí dar descanso. Diferentes trabajos y fines de semana fuera, viajes, y la elaboración de un documental que saldrá a la luz en breve, ocuparon el tiempo…En realidad el resto del tiempo procuré descansar que, como dice Urbano, un vecino del pueblo “para descansar también hace falta tiempo”. Esto fue lo que pasó realmente, y una vez más no intento que sea una justificación. Donde quiero llegar es a poder comprender las diferentes causas que me separaron de realizar algo que me gustaba hacer como era compartir mi experiencia a través de la palabra en este espacio.

Así que esta fue un poco de mi vida, por lo menos la que en parte, y creo que solamente en una pequeña parte, explica mi desaparición de este espacio.

Otra parte tiene que ver com el compromiso que hice conmigo mismo de escribir artículos que supusiesen una reflexión y por ello tendrían que ser extensos, incluir autores, ser biográficos, conectar con estudios recientes, etc. etc., y a lo largo de estos meses realmente no tuve ni el tiempo ni las ganas de escribir tan detalladamente de forma a transmitir un mensaje. Pero en esto hay una trampa que me he estado haciendo. Y la trampa tiene que ver con la exigencia que me estaba colocando por escribir de una manera, con las palabras y referencias concretas y ricas al mismo tiempo. Una exigencia que en realidad lo que estaba haciendo era que, incluso cuando intenté escribir algo para publicar, me estaba diciendo que eso no era suficiente, no era suficiente maduro, reflexionado, que era muy criticable, y que podría hacer que la calidad del blog bajase.

Y ESTO ES UNA LOCURA!!!!!!!

Estos son mis muros, mis obstáculos, los que me impiden ver una realidad más amplia. A esto volveré más adelante.

La otra gran parte de este abandono de este espacio tiene que ver con um modus operandi con el que convivo. En relación a este espacio sería algo así como que el acto de crear el blog me encantó, me daba mucha vida poder estar compartiendo mi conocimiento o experiencia, investigar, leer sobre temas relacionados con las cosas que ocurren en mi vida con la intención de profundizar en la misma existencia humana. Esto es para mi un subidón, esta curiosidad incesante que me atrae y me lleva de la mano. Pero lo que también me pasa es que en el momento en que veo (o más bien considero internamente que ya he cumplido) que ya hay diferentes temas interesantes en el blog, un número inesperado de seguidores y de visitas (vigilar esto era importante todos los días) feedback de personas importantes para mí, etc. me desinteresé del tema y lentamente allá me iba yo por el mismo camino que tantas veces he hecho de irme apartando de algo que creo porque el subidón ya no es tan grande. Y esto solo tiene un nombre – adicción. Puedo decir que aunque no me inyecte heroína, en mi estaba presente esta obsesión de seguir colgando artículos, de revisar los estudios publicados, de revisar el número de visitas, pero llegó un momento en que eso ya no daba el subidón suficiente. Así que surgió el desinterés. Hasta la semana pasada. Cuando realmente me di cuenta de todo esto que me estaba haciendo actuar de una manera concreta, y al mismo tiempo descuidar un espacio mío que comparto con otras personas.

Así que no es que no tuviera tiempo, no es que no tuviera el subidón como antes, no es que me exigiese demasiado, sino que fueron estos tres aspectos los que me hicieron dejar de responder al compromiso que había hecho. Y con esto no quiero seguir siendo exigente conmigo o fustigarme por ello. Pero si ser comprensivo conmigo y con este proceso que está dentro de mi y seguramente seguirá hasta que me muera.

La cuestión que creo que puedo hacerme aquí, una que es tan clara cuando la hago a las personas que acuden a la consulta o en los grupos con los que trabajo, es ¿donde estoy yo forzando la máquina que me hace volverme rígido conmigo mismo para al final maltratarme al decir que no soy suficiente o lo que hago no es suficiente?

Y para responder una de las cosas que puedo hacer es reformular mi planteamiento y ser honesto conmigo que es la única forma de ser honesto con los que por aquí pasáis.

Para ello necesito flexibilizar mi postura conmigo mismo, y así poder ver otras formas de compartir. Queda claro que esa visión estrecha de tener que escribir artículos de tal y tal manera no me funciona, por lo menos a largo plazo. Y esto toca el tema de poder asumir y aceptar un límite que tengo, que no tengo la paciencia, ni la facilidad de escribir dos veces por semana. Puedo asumir el compromiso de escribir dos veces al mes. Con esto estoy cómodo.

Puedo también flexibilizar mi ataque diciéndome que “no es que seas un mentiroso o un vago, sino que la expectativa de escribir de x manera y cada x tiempo, está muy por encima de la realidad. Seguramente esto me puede ayudar a ver cuál es la necesidad que está debajo de esta exigencia y ver si es una necesidad real o es un mandato impuesto. Seguro que la necesidad pasa por que tu al leer lo que escribo termines diciendo “guau!!! que bien escribe” “que exposición más inteligente” y un largo etc. tan egóico que solamente grita “MIRÁDME”. Y así, como tantas veces he aprendido con Ramiro Díaz, el director y terapeuta de la escuela Pañña, poder cuidar al ser que está gritando continuamente y desconsoladamente.

Es increíble como estos gritos están presentes en todos nosotros y como estos gritos se traducen en tantas expresiones, acciones, miradas, palabras y gestos en tantos ámbitos de nuestra vida.

Creo realmente en lo que escuchaba esta mañana a Gabor Maté sobre los cuatro niveles de compasión. El primero, más natural y humano, el que de alguna manera la gran mayoría de nosotros somos capaces de sentir – cuando vemos a alguien sufrir, deseamos que no sufra. El segundo nivel, más profundo, Maté lo llama la compasión de la comprensión que tiene que ver con que no solo sentimos que el otro esté pasando un momento de dolor pero además nos preocupamos por saber que le pasa realmente. Este es un paso que la mayoría de los políticos, educadores e incluso médicos no se preocupan en dar. Seguramente porque no quieren ni siquiera oler el dolor que está dentro de ellos. El tercer nivel, el de la compasión de la identificación, cuando uno realmente se da cuenta de que la otra persona no es sustancialmente diferente de nosotros, que solamente elige un determinado camino para manejar su dolor, los mismos dolores expresados de diferente manera. Y el cuarto nivel, el de la compasión de la posibilidad, donde según Maté la palabra recuperación (personal/médica) entra en juego, cuando uno recupera uno encuentra. Entonces ¿que encuentra una persona que recupera? Se encuentra a ella misma, lo que también significa que esa  persona nunca perdió su self sino que solamente perdió contacto consigo misma. Y esta es la gran pérdida en nuestra vida. No tanto el dolor que pasamos, abandono o abuso, sino que eso hizo que perdiésemos contacto con nosotros mismos. Y es esto lo que hace que continuamente estemos llenando ese vacío con algo de fuera.

Así que el tema es de que SI es posible recuperar nuestra vida, ajustarme a ella tal como es, y SI esto se consigue por asumir verdadera y amorosa responsabilidad sobre el proceso de vida que transitamos.

Dicho esto, al retratarme puedo también encontrarme, atender a mi verdadera necesidad y ser más amoroso, menos exigente conmigo. Puedo ser más realista con lo que quiero hacer y con lo que deseo hacer. Al retratarme aquí buscó dos cosas: una, la de ser honesto con los que seguís este blog y que sepáis que podéis esperar de mi. Y dos, abrir otra puerta para ser honesto y tolerante conmigo. Es curioso que las multinacionales tienen instaurados sistemas de reevaluación continuos para garantizar el bienestar y la producción pero el sistema educativo o médico no lo tiene de forma a dar una respuesta a las necesidades presentes de las personas…pero esto sería un tema muy diferente.

Termino concretando. Escribiré dos veces al mes, artículos de todo tipo, con significado dentro del tema que aquí se trata y también el subidón que sienta al seguir cuidando este espacio lo voy a disfrutar más lentamente.

Salud a todos/as.

Como bombón un vídeo del Dr Gabor Maté en las Ted Talk

El poder de la adicción y la adicción al poder. TEDxRio+20

¿Qué es terapia?

Hoy decido compartir un vídeo de un hombre que admiro y con el que tuve la suerte de compartir varios momentos de aprendizaje. Se trata de Francis Elizalde

El vídeo trata sobre ¿qué es terapia? y considero que Francis tiene una forma de explicarlo muy clara y cercana.

Entre muchas cosas claro que se trata de la terapia Gestalt de la que él es un referente claro en la actualidad.

Espero lo disfrutéis así como también podréis encontrar en enlaces su blog anoche cuando dormía que no tiene desperdicio.

Actualización necesaria

 

Desde la Gestalt el término “actualización” es utilizado para referirse al acto de renovar las ideas, acciones e incluso formas de sentir. Tal como en los ordenadores, también nuestros sistemas de procesamiento se vuelven obsoletos a lo largo de la vida. Y es fácil de observar esto cuando se sigue, por ejemplo, pidiendo a los 30 años lo que pedíamos a los 2 años. Cuando no existe la actualización se perpetúa la necesidad no cubierta, y lo que no nos dieron nuestros primeros cuidadores lo seguimos pidiendo e incluso exigiendo en nuestras actuales relaciones, a nuestros amigos o parejas. Se crean así los adolescentes de 40 años o los niños o niñas eternos/as.

Perls

Fritz Perls

En esto, más que hacer una crítica, creo que es importante ver que detrás de esa forma de hacer desactualizada, reside un ser dolorido, carente y que, por las diferentes situaciones de la vida, no pudo madurar. Sobre esto, Fritz Perls, uno de los máximos referentes y creador de la Terapia Gestalt, decía que madurar era el acto en el que uno pasa del apoyo externo al auto-apoyo. Es decir, uno pasa de estar necesitado y dependiente del exterior para cubrir sus necesidades, a ser consciente de su verdadera necesidad y a poder satisfacerla por si mismo. Para él, la neurosis sería un síntoma de una maduración incompleta. Y cuando no existe maduración en las diferentes etapas de la vida sin duda uno sigue arrastrando situaciones, normalmente con gran carga emocional, no resueltas, o por lo menos que en la actualidad carecen de una resolución sana.

Ante esto creo que queda claro, como decía antes, que detrás del pedido continuo existe un ser, un niño o una niña que no recibió lo que necesitaba, fue ignorado o desatendido, causando esto en él o ella una marca, una herida. Inevitablemente todos pasamos por esto, pero, con el paso de los años, en edad adolescente y adulta, entra en juego un aspecto que es el que realmente nos puede sacar del atolladero. La responsabilidad. Perls decía que los hombres debían tomar la responsabilidad de su existencia por su propia cuenta. En el momento en que no lo hacemos entregamos nuestra vida a los demás, a nuestro pasado, a nuestro futuro. Al hacernos responsables de nuestra forma de actuar, pensar y sentir podemos recuperar el poder de tener mano en nuestra vida, de cuidarnos donde no fuimos cuidados, de arroparnos, de alimentarnos ante la sequía existencial que supuso la falta del cuidado que necesitamos. Y no estoy culpando a nadie de esto. No existen culpables. Los que no respondieron al pedido del niño posiblemente no supieron como hacerlo, tal vez incluso no les fue dado, cuando niños, eso mismo que ahora les es pedido. Y se trata de cosas tan enormes como haber recibido un abrazo sincero para el alivio o la protección. Una mirada o un gesto de amor, comprensión y respeto cuando la ansiedad, el miedo o la rabia se apoderaban de uno. No hay culpables. Hay gente que se hace responsable de su vida y los que piden y piden ignorantes de lo que están realmente pidiendo.

Hacerse responsable de la vida para actualizar lo que necesita ser actualizado, implica un compromiso claro con uno mismo, casi como una batalla en la que de antemano sabemos que habrá sufrimiento y también una victoria segura. Perls sobre esto, en su forma tan clara de expresarse que rozaba el rechazo decía sobre esto que “el ser humano vivía para lo que era correcto, sin importarle si realmente quería… el ser humano se ha tornado fóbico al dolor y el sufrimiento, evitando lo que no es divertido y agradable, escapando de la frustración. El resultado de este proceder es la falta de crecimiento. Enfrentar la frustración y el dolor lleva a un sufrimiento realista, acompañado de un crecimiento.

¿Qué pasaría si realmente supiéramos que tenemos esta oportunidad? ¿La cogeríamos? ¿Qué pasaría si de forma tajante nos diésemos la mano a nosotros mismos para sacarnos del ciclo sin salida de sufrimiento y así no repetirlo más? ¿Qué pasaría si nos mirásemos a los ojos para vernos de verdad y llamar cada cosa por su nombre?

Nuestra actualización está a un click de nuestras manos.

Este es el acompañamiento que realizo en el espacio terapéutico como tantos otros terapeutas, el mismo que recibo de los maestros que me acompañaron y acompañan. Un acompañamiento sin juicio que permite ver el dolor detrás de la resistencia o de la ansiedad que no son más que gritos de ayuda. Un acompañamiento para dar la mano y, por respeto, ser todo lo honesto que puedo con quien tengo delante. Y cómo decía también Perls en la oración de hacer Gestalt “…si en algún momento o en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse…”

Oración Gestalt completa:

“Yo soy Yo                                                                                                                                                                         Tú eres Tú
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
Será maravilloso
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a Mí mismo
Cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a Ti
Cuando intento que seas como yo quiero
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.”

A veces…

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A veces

todos los días malos, los temores y las ausencias

parecen reunirse en el mismo día.

Yo me quedo sin saber donde, cuando y cómo

desesperado con la carga electrizante de toneladas de tierra

sobre mi pecho…

el mismo que no sabe si esperar

si ir o quedar…

parar ante el aluvión de llamas en la piel,

con el viento en contra y la impotencia como suelo.

Después de mirar a todos los lados,

después de todas las puertas caídas,

solo una última me queda para acudir.

En ella encuentro el abrazo

El calor que necesito para, frágil,

acogerme a la canción que es el tacto.

El tacto de la memoria donde también

tu mirada pide auxilio…sin encontrarlo.

Ahí descanso, inerte y vivo

esperando con esperanza

aunque sin mirar adelante.

Lo que toca ahora

es sentir el abrazo donde, frágil,

se que la reunión terminará

y yo recuerdo de nuevo

que nada es eterno

y todo pasa.

Objetivo: Ser Humano

Dice la Real Academia que Humano es:

1. adj. Perteneciente o relativo al hombre. 2. adj. Propio de él. 3. adj. Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos. 4. m. Ser humano. 5. m. pl. Conjunto de todos los hombres.

Y que ser (de entre todas las definiciones me interesan estas para este artículo):

1. m. Esencia o naturaleza. 2. m. Cosa creada, especialmente las dotadas de vida.

Buscando información sobre este título que se me ocurrió en el seguimiento de una conversación con una amiga, encuentro que, a nivel filosófico, se establece la diferencia entre Ser Humano, Hombre y Persona Humana. Unos más referidos a la genética, y otros más con el “mundo civilizado”. Los conceptos son los conceptos. Y las posibilidades de disertar sobre el tema, creo que son enormes según donde, cuando y cómo se hable del tema. Este lugar que lees es solo uno más.

Si algo me sorprendió de las definiciones que busqué en la Real Academia, fue la frase de “Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos”. Es sin duda una forma de utilizar la palabra Humano, pero lo que me sorprende es que no existe una única referencia a la persona que es la ser humana. Y de esto hablábamos yo y mi amiga. Que ¿para ser Ser Humano solamente hay que nacer?  Esto sería solamente categorizar a ese ser dotado de vida. Sería también un ser vacío que a lo largo de su vida se va llenando de las experiencias que le van tocando vivir.  Pero ¿de que se va llenando? – de todo sin duda y en un mundo más global a través de las herramientas disponibles, de mucho más que hace 30 años atrás, para no hablar de hace 200 años atrás.

Pero me quedaba la pregunta de si ¿la evolución de niños a adultos nos lleva a una mayor SerHumanidad o por otro lado a una mayor SerMecanicidad? ¿Nos convertimos en seres humanos más verdaderos y refinados o en programas más o menos previsibles y con respuestas mecánicas y automáticas? Y ¿qué significa ser más verdadero y refinado en esta característica de SerHumanidad?

Me parece que la tendencia es de una evolución a la mecanicidad. El Ser Humano se queda por el camino, quizás a la espera de ser rescatado. También una mecanicidad entendible porque en este mundo uno no puede hacer lo que quiere cuando se es niño. Uno hace lo que cree que le ayuda a sobrevivir ante todo lo que tiene a su alrededor. Y lo que hay es lo que hay. Y en este mundo occidental lo que hay es un par de cuidadores (o menos) más o menos neuróticos, con sus carencias, pasiones y fijaciones y un verdadero sistema de reclutamiento institucionalizado que se hace llamar sistema educativo, una publicidad inteligente y engañosa porque poco o nada le enseñan a uno para ser más Ser Humano o menos Ser Mecánico. 

Pero tampoco quiero utilizar este espacio para criticar el sistema educativo. Expertos mucho más preparados que yo lo han hecho. Uno de ellos es sin duda el Dr. Claudio Naranjo. Os invito a ver esta pequeña entrevista, clara e inspiradora.

Además de esto, que sin duda es un tema central en este objetivo de ser Ser Humano, parece que, desde el nivel más esencial, lo que nos hace entrar en esta autopista donde incluso el alma desea transcurrir, es la capacidad que tenemos de ser conscientes de nosotros mismos. La tenemos, pero a veces “sobreexcitada” y otras “sobredeprimida”…tal vez sea esta capacidad la que es necesario hacer más verdadera y refinada, siendo uno consciente de lo que es, de lo que hay y de la ilusión de lo que debe ser que nubla la verdad.

Sin ser consciente de mi mismo, no me puedo dar cuenta, en última instancia, de que estoy vivo y de que voy a morir. No me puedo dar cuenta de todo lo que ha influido en mi vida y que me impide Ser. Dudo que el objetivo del ser humano es la felicidad. Creo más bien, como dice Grazzia Cecchini, que es cuando uno se desprende de la ilusión de ser feliz, cuando se puede realmente alcanzar la felicidad.

Tal vez porque al quitar la venda que es esa ilusión, uno puede ver más claro y crear lo que le guía hacia el placer de estar vivo. Y de mi experiencia con ancianos, niños, adolescentes, personas con necesidades especiales, padres, madres, toxicómanos, personas con diversidad funcional, profesores, amigos y familiares, parece que lo que nos une es que queremos estar más tranquilos, sufrir menos, poder luchar y tener los medios para desarrollar nuestro talento o sueño y tener relaciones personales de amistad y amor. Esto nos une y entiendo que en esto hemos sido timados a lo largo de siglos, hemos sido engañados a creer que somos mucho más o mucho menos de lo que somos, hemos sido adiestrados a actuar, pensar y sentir de una manera sin que se nos diese la posibilidad de elegir la multitud de posibilidades que existen. Y hemos sido engañados a creer que así es como las cosas son, que eso es lo correcto. Un gran engaño.

La pregunta que queda es ¿quiero seguir alimentando este engaño? o quiero crear la posibilidad en mi vida de ir más allá y poder ver, sentir y ser lo que no he visto en toda mi vida, de sentir y comprender la cantidad de sufrimiento que me produzco al seguir ese engaño. Sin ser consciente de uno mismo es difícil desengañarse.

A ese más allá ya llegaron muchos. Parece que nos dicen que el camino vale la pena después de todo. La gran dificultad es la que describe con gran simplicidad Mark Twain:

Es más fácil engañar a las personas

que convencerlas que han sido engañadas

…Escenas del próximo capitulo…próximamente en nuestra vida

Desencuentros y reencuentros

Cuantas veces nos quedamos sin saber a donde ir o cómo hacer. Y que difícil es estar en el no saber. Difícil porque inevitablemente entramos en un terreno sin ser poseedores del control que tanta seguridad da (y tanta ceguera produce).

el cielo siempre está

No es que esté en contra del control, ni siquiera en contra de la ceguera. Más bien estoy a favor del buen uso de cada una, como herramientas. Y a nadie se le ocurre romper una pared con un pañuelo de seda. Cada uno, el martillo y el pañuelo sirven para lo que sirven, si los utilizamos sin atención al verdadero uso y utilidad que tienen (aunque puedan ser muchos) terminaremos frustrados, pues aquella pared no se romperá.

Lo mismo ocurre con el control. Sirve, es válido y útil para determinadas cosas, para realizar determinadas tareas pero bastante inútil cuando queremos que el control lo controle todo. Cuando es así creo que se produce un desencuentro existencial con la realidad de uno y se queda a merced de ideas más o menos tóxicas que tenemos dentro de nosotros y que no sirven realmente para nuestro propósito.

Y ¿cuál es nuestro propósito?

Pues es difícil sino imposible saber cuál es si no nos damos tiempo para una escucha atenta de lo que nos hace falta o de lo que nos sobra. Esto es lo que permite realmente que podamos hacernos caso y, así, dirigirnos hacia donde necesitamos, con un impulso verdadero que nos guía desde dentro.

Es algo común que un paciente comente que le parece que alguien está viviendo la vida por él o ella. Y también es común que alguien se de cuenta de que no ha vivido en los últimos 10 o 20 años de su vida. Vivir en la fantasía y vivir en la realidad implica vivir en o con el dolor. La diferencia crucial es que vivir en la fantasía, en la inconsciencia de uno mismo, de lo que le rodea y como le afecta, puede parecer más fácil. Yo así lo creía. Pero vivir en la fantasía implica también una actitud de escape, de huida de lo que somos, de lo que queremos, sentimos o deseamos. Y solo se puede escapar de algo así porque existe un dolor que de alguna manera sentimos que no somos capaces de ver o tolerar. Por su parte, vivir en la realidad implica un compromiso de uno para estar con lo que hay, con ver claramente lo que se tiene delante, lo que nos empuja y lo que nos frena, lo que nos emociona y lo que resulta frío. Aquí también viene en el pack el contacto inevitable con el dolor. Y no es fácil hacerlo, no es un lugar agradable cuando uno se da de frente con su realidad. Pero al revés de la fantasía, vivir en la realidad es posiblemente el único camino que existe en este mundo para trasmutar ese dolor, para cuidarnos mientras estamos doloridos. Es la forma de poder iniciar un camino en el que vamos a nuestro favor y no en nuestra contra.

Es posiblemente la única forma en este mundo de poder reencontrarnos con nosotros mismos, darnos la mano y caminar atentos a cada paso. Es la forma de volver a encontrarnos con los demás y poder verlos de verdad como personas que son, no como ideas que proyectamos.

En esto tampoco hay culpables…nadie es culpable. Todos venimos de lo mismo, de un acomodamiento a nuestro medio desde temprana edad que implicó firmar un contrato de desencuentro con nosotros mismos, con nuestra espontaneidad, con nuestra fluidez. Nos separamos de esto por sobrevivir, por tirar para adelante y si estás leyendo esto es que lo has conseguido. Ahora, una pregunta que me hago es: ¿He conseguido sobrevivir a costa de qué? Como mínimo a costa de olvidarme de mi, a costa de no atenderme realmente y ser en función de lo que era aceptable y lo que no.

Podría llamar a esto el desencuentro primordial. Pero a partir del momento en que uno se da cuenta de este desencuentro solo queda la responsabilidad de uno mismo de buscar el reencuentro. Y esto es una decisión que uno puede o no tomar, pero una decisión que, si se toma, será a costa de dejar de contaminarnos continuamente, a costa de retomar nuestra fuerza, ilusión y respeto. A costa de reencontrarme conmigo y crecer rellenando mi vida con vida.

La buena noticia es que es posible. Es posible transitar este camino de forma segura y acompañado para llegar a buen puerto. Para ser. Para ver. Para escuchar y sentir. Para darnos y para dar.

Es posible asumir este dolor, que todos compartimos de una u otra manera, y hacer de él un impulso para dirigirnos a eso que realmente queremos, dirigirnos a ese espacio donde la paz se respira, y donde podemos sentir que el dolor hace parte de nuestra realidad y que aun así podemos seguir adelante sin escaparnos de nosotros mismos y cuidando todo lo que necesitamos cuidar.

Muchas veces pongo el ejemplo de que haríamos si viésemos a un niño llorando. ¿Le daríamos la espalada? ¿Le pegaríamos una patada? ¿Lo encerraríamos en una habitación oscura? Me responden que obviamente que no, que más bien lo acogeríamos y cuidaríamos. Pero también parece que la tolerancia se nos agota de adultos y nos es más fácil darnos la espalda cuando sufrimos. Y no deja de sorprender la ceguera que tenemos hacia este acto agresivo hacia nosotros mismos que causa más y más sufrimiento.

Es sin duda posible revertir este proceso. Lo se por lo que aprendí, por mi proceso, por los procesos de las personas que acompaño. Cuando nos comprometemos a crear una vida más verdadera, se abre todo un mundo de posibilidades ante nosotros.

Cómo decía Ramón Resino “Sal ahí fuera y haz lo que tengas que hacer, despacio, fuerte y tranquilo.”

Defensa de la Ceguera II

Pues a ver si puedo responder a la pregunta que me surgió en Defensa de la ceguera I – ¿Qué es ver lo que hay?

No es más que eso mismo: ver lo que hay, lo que existe ahora mismo, lo que está presente con total evidencia.

La psicología humanista lo define como ver lo obvio, lo que es y cómo es.

La sagrada distracción

El tema es que llevamos una vida escapando y siendo animados a escapar de la realidad, deseando ser vistos por quien amamos, rechazando lo que impide nuestra existencia, sea eso hambre, frio o cualquier tipo de sufrimiento emocional. Deseando vivir y rechazando lo que nos acerca de la muerte física o emocional. Y para escapar pocas posibilidades existen. Y, una vez que llevaremos con nosotros aquello que fue motor del escape aun que nos marchemos físicamente del lugar donde estamos para la otra cara de este planeta que habitamos, me parece que la única posibilidad que existe es de distraernos.

Nos distraemos con todo lo que sea posible, existen en este enorme parque de atracciones millares de distracciones a las que nos podemos enganchar como si drogas duras fuesen. Todas ellas terminan haciendo lo mismo – apartarnos de nosotros mismos. De entre estas distracciones una de las más logradas es la televisión. Es tan exitosa que terminamos creyendo que lo que ahí se pone es la realidad, es el aparato de la verdad. Como dice Howard Bale, presentador de un programa de televisión en la película que hablé en otro post: “Daros cuenta gente, vosotros sois la realidad, nosotros solo somos una ficción creada para venderos todo lo que pueda ser vendible en este planeta”. Otra distracción que además está institucionalizada y sobre la que se ha escrito largamente desde la Gestalt a través de Claudio Naranjo, es la educación (enlazo un rico documento sobre el tema). Como él dice, la educación está en función de la producción. No tiene la intención de crear seres dignos, creativos y desarrollados en todas las facetas posibles, sino que pretende adiestrar a niños para que dejen de ser ellos mismos y se conviertan alguien al que es fácil manejar.

La sagrada reconexión

Si algo que la persona que acude a un terapeuta puede alcanzar es su capacidad de volver a conectar consigo misma. En el momento en que uno puede dejar a un lado los caballos desbocados de nuestra mente como son los pensamientos, uno puede observar y observarse con más profundidad, con más detalle y, seguramente, darse cuenta de aquello de que anda escapando, aquello que de alguna forma hemos llegado a pensar que es tan poderoso, terrible y destructivo que cualquier cosa es mejor que estar en contacto con eso que es, ni más ni menos, una parte de nuestra verdad.

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Muchos tipos de meditación van encaminadas a poder revertir este proceso común de todos los días: darnos cuenta de la cantidad de tiempo que estamos distraídos e identificados con nuestros pensamientos, para luego descubrir un centro en nosotros mismos, un lugar intocable, desde el cual podemos observar la agitación y la tranquilidad, el dolor y la alegría, las ganas de escapar y las ganas de quedarse. Pero es este el lugar donde podemos encontrar una mayor claridad, sentir con mayor claridad, ver, pensar, hablar con mayor claridad.

Y en el momento en que podemos ver claramente lo que tenemos alrededor, o podemos estar en contacto con una emoción o estado emocional que continuamente evitamos y escapamos, algo cambia. Además de darnos cuenta de que aun en contacto con esa emoción o incomodidad podemos seguir sobreviviendo, nos damos cuenta de todo lo que hacemos de más o de menos, toda la energía que gastamos, toda la fuerza que ejercemos para que eso que evitamos no aflore a nuestra consciencia. Y esta fuerza, de alguna manera, la desperdiciamos, no la colocamos en nuestro favor para seguir creciendo y, sobretodo, acogiéndonos cuando lo que deseamos no ocurre, cuando la incomodidad, frustración, miedo, ansiedad, rabia se manifiestan. Querer vivir sin estas partes tan humanas es sin duda vivir castrado.

La gran noticia es la de que no tiene porque ser así toda la vida. Como dice Slavoj Zizek más que “todo es posible” es más certero decir que “lo imposible ocurre”.

Nos podemos hacer más completos si dejamos de identificarnos solamente con una parte y reconocemos en nosotros la existencia de esas partes supuestamente más desagradables, no por lo que son sino por el sufrimiento del que surgen. Más que decir “yo soy así” podemos decir que “yo soy así y lo contrario también”. Una batalla termina dentro de nosotros cuando esto ocurre y dejamos de querer estar tan ciegos hacia nosotros mismos para dar lugar a una percepción más clara y profunda de nuestra condición.

No es un proceso fácil y a medida que uno lo va haciendo se da cuenta que le hace falta otra vida para resolver los temas de esta. Requiere esfuerzo y un acompañamiento amoroso. Y como agradezco a todos los que me han ayudado a transitar este proceso, a poder quitarme un poco más la venda para ver lo que hay, escuchar lo que suena, sentir lo que arde. Que me ayudaron a dar voz a eso que tenía mudo, a tener confianza para tocar y ser tocado…sin ellos no me sería posible estar escribiendo estas frases ni mucho menos tener la confianza de compartirlo.

Dice Fernando Pessoa en uno de sus poemas con el seudónimo de Alberto Caeiro:

La espantosa realidad de las cosas

Es mi descubrimiento de todos los días.

Cada cosa es lo que es,

Y es difícil explicar a alguien lo cuanto eso me alegra,

Y cuanto eso me basta.

Basta existir para ser completo.

La pregunta queda ¿cuanto de nosotros existe?

Urgente: acompañamiento de padres y madres

En este post intentaré poner claridad sobre el papel del trabajo con los padres dentro de la terapia para adolescentes e infantes. Descifrar en la medida de lo posible las piezas del juego sistemico que está en acción.

Cuando recibo la llamada de un padre pidiendo sesión para su hijo/a, observo que existe una cierta resistencia por su parte a participar en el proceso. Les digo que solamente acepto el caso si ellos están dispuestos a venir una vez al mes por lo menos. Y esto no es un capricho. Esto da respuesta a diferentes aspectos: primero quita el problema del hijo/a, alarga la visión sobre las tensiones que están presentes en la actualidad dentro de la familia y de esta forma permite que cada uno asuma su parte de responsabilidad , que no culpa, dentro de la restructuración necesaria y a la que, muchas veces, responde el comportamiento del hijo/a.

infancia_edad_sagrada      loretta cornejo libro

Dos libros que me han gustado mucho

De esta manera es posible, mirar la situación actual, también desde una perspectiva en la que surge, como se comenta en el libro de Evânia Reichert – Infancia, la edad sagrada. Ed. La Llave“la necesidad de educar al educador y de incentivar al adulto a tener más consciencia de la importancia de sus acciones y reacciones junto a los pequeños” como apelaba Reich. Este además decía que “ la infancia de padres, educadores y maestros, se refleja en su modo de educar”.

Este es un libro que recomiendo fervientemente por la claridad que aporta sobre el desarrollo biopsicológico del bebé y sobre las influencias que el ambiente ejerce que incentivan o dificultan su crecimiento fluido.

Es por esto que la participación de los padres es importante a la hora de abordar la dificultad actual del hijo/a (de expresión o ausencia de la misma, de agresión, de abandono escolar, de intentos de suicidio u otras).

Loretta Cronejo en su libro “Manual de terapia Gestáltica aplicada a los adolescentes” dice “…muchas veces no es solamente que los padres estén haciendo algo “mal” o “bien”, sino que el propio adolescente necesita empujar los límites a los que la familia ha estado acostumbrada, y al mismo tiempo es su función hacer que el grupo social se replantee constantemente sus propias fronteras, creencias y hasta las mismas leyes que se creen habitualmente bien cimentadas.”

Hacia la consciencia de necesidad de cambio

Desde una perspectiva sistemica, un grupo social, familiar está en constante búsqueda de equilibrio, en constante cambio y esto es lo que a veces se hace tan difícil de aceptar e integrar dentro de la familia. Porque el cambio implica el esfuerzo de todos. Pero en el momento que uno se da cuenta de que es un esfuerzo hacia el crecimiento, hacia abandonar ataduras que nos impiden madurar un poco más, hacia explorar y agarrar opciones nuevas que surgen inevitablemente en la vida, la tarea de cambio se convierte en algo que aporta lo que está en falta y así, de nuevo, un estado de gustosa calma dentro de la familia.

Para que esto se de, el espacio de los padres dentro de la terapia es uno donde ellos pueden hablar de sus propios miedos, de sus tensiones o angustias de forma a poder darles un camino más sano.

Mientras trabajé en los colegios del Bierzo en la Federación la Palloza haciendo charlas participativas sobre diferentes temas, mi objetivo principal fue el de crear un espacio donde los padres se cuestionasen sobre ellos mismos y su educación, sobre la educación de sus hijos, sobre su forma de educar, sobre la sociedad y la enorme tensión, frustración y culpa que produce en la dinámica personal y familiar. Y de esta forma fue posible que compartiesen sus miedos en relación al crecimiento de sus hijos e hijas (drogas, sexo, evaluaciones académicas, la fiesta, embarazos no deseados, etc.) y, al mismo tiempo, pudiesen ser conscientes de que estaban haciendo guiados por esos miedos. Muchas veces, como se dice en el libro de Evânia, se daba la “compulsión a educar” un término de Reich que se refiere a “la exageración en las formas educativas que genera un exceso de frustración,…,un comportamiento que está teñido de temas emocionales de los adultos y no de eventuales problemas de los niños.”

Como ejemplo, recuerdo como algunos padres piden que su hijo decida por si mismo, que madure como persona, que se relacionen mejor con los demás y los mismos padres terminan descubriendo como no están atendiendo a algo tan básico como es su propia relación de pareja, sus momentos de intimidad, o a que se replanteen la forma que puede tomar su relación ahora que el bebé se hace adolescente o ahora que el “niño” tiene 30 años.

De todo esto es fácil observar el gran entramado de las relaciones familiares. Pero la realidad es que en una situación de crisis, si uno sigue haciendo lo mismo, lo más seguro es que se de contra la misma pared. Si, por el contrario, uno puede darse cuenta de la situación de crisis y probar algo nuevo, entonces la crisis se puede atravesar o no. Pero cuando uno siente internamente que hay otras opciones, abre el camino para que la familia crezca en su conjunto, se abra a la riqueza de la vida que es cambio y no estancamiento. Como varias veces decía mi maestro Ramiro Diáz Fuentes “uno se pone más del lado de la vida que del lado de la muerte.”