Escucha y un nuevo mundo surge

El mundo que surge no es una invención, no es fabricado, no es adornado, no es famoso ni es rechazado. El mundo que surge es el que existe cada día de nuestra existencia. No hay más ni hay menos. Un mundo que es nuestro mundo, único e irrepetible, tan cerca y tantas veces tan desconocido.

Al despertar la escucha es posible tomar consciencia de lo que estoy atendiendo e incluso la cantidad de tiempo que estoy atendiendo a ese objeto.

Cuando surge la escucha podemos realmente atender a que sonidos están presentes en nuestro entorno, atender a los sonidos del cuerpo y a las voces del pensamiento que, imparables, van construyendo nuestra forma de escuchar, mirar y tocar cada momento de nuestra vida. Al escuchar podemos atender a quien estamos obedeciendo, a quien estamos siguiendo como si de un guru se tratase y al que seguimos fanáticamente. Al escuchar, tal vez después de un tiempo podemos darnos cuenta de lo poco que nos escuchamos, de lo poco que nos atendemos, de lo mucho que nos abandonamos, entregando así nuestro poder a otro, a otros, como vendiendo nuestra vida sin siquiera ponerle precio, no porque no lo tenga, sino porque no se lo ponemos.

Tal vez al escuchar podemos darnos cuenta del precio que estamos pagando por no escucharnos de verdad.

Escucha y un nuevo mundo surge.

Y es un mundo que más bien se puede comparar a una pecera. Estamos dentro y la visión está condicionada por el cristal, nada es del todo nítido ni nada es realmente posible de tocar. Sin escucha, sin escucharnos, no podemos escuchar. No podemos crear el espacio de silencio necesario para atender a lo que nos dicen, a como lo dicen. Sin escucha no hay entendimiento, solamente un pisotear continuo de lo que nos dicen, opiniones una detrás de otra que nos hacen sentir seguros, en posesión de la verdad, pero tan ignorantes de todo lo que no conocemos.

Escuchar es sin duda un acto de humildad, es retirarse del camino y presenciar, es dejarse tocar por la otra persona, por otras palabras y sin hacer nada entregarse a lo que surge, desconocido e incontrolable, y poder sentir.

Escuchar también es un acto de valentía, es dejar de vendernos y hacer caso a lo que realmente escuchamos, a como nos escuchamos y hacerle caso. Hacer verdadero caso de eso que escuchamos como nuestra verdad, correcta o incorrecta, que más da, pero la nuestra. No la que defendemos a toda costa, sino la que nos es posible compartir para crecer con el otro.

Escuchar es un acto de dedicación hacia el mundo, hacia uno mismo. Escuchar es como desnudarse, es dejar de crear vestimentas para tapar la piel de nuestra alma. Es entregarse a lo sutil. Es entregarse a sentirse vivo en la realidad que cada uno ocupa.

Escuchar es dejarse en paz y dejarse tocar. Formula perfecta para que nada quede estancado. Formula perfecta para poder estar abierto, valiente, humilde y dedicado a esta vida que construimos cada día. Que no se nos vaya de las manos por no escuchar.

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