Desasosiego existencial

Todos tenemos la sensación de que nos falta algo o de que algo no es suficiente o no está completo. Tenemos la idea de que ese algo se corresponde con caminar hacia una vida con un mejor trabajo, una mejor relación, una mejor casa, una cuenta en el banco con más dígitos, con ganar la lotería, con un coche mejor.

En este sentido, parece que como peces distraídos, hemos picado en el anzuelo de una maquina extensa, secular y agresiva como es la de la publicidad, herramienta clave al servicio de un sistema social. Nos han atiborrado sin haberlo pedido de mensajes del cuerpo perfecto, el coche perfecto, la ropa perfecta, la casa perfecta y hemos picado sobretodo en que si no somos o tenemos eso, no somos merecedores de atención y además “no somos tanto como…” Y picamos una vez más el anzuelo cuando, desde nuestro cuerpo pinchado, obligamos a los demás peces a picar, convirtiéndonos en vendedores de anzuelos y los jueces de quién no pica. De una forma totalmente ignorante vendimos nuestra alma al diablo, se podría decir, al convertirnos en agentes reguladores y controladores de la sociedad, reprimiendo lo que es diferente, rechazando lo que es novedoso, siendo esto nada más que una proyección de la castración que sufrimos y que, ignorantes, defendemos.

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Pero ¿que ocurre que no salimos de esto desde hace milenios? Con todo el sufrimiento que esta forma de actuar conlleva, seguimos alimentándola día tras día a través de nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras distracciones, nuestro silencio o nuestro grito mudo.

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Creo que nos damos cuenta de esto, pero en algún momento parece que sentimos que realmente las cosas no pueden ser diferentes aunque nos estemos contaminando, que esto nos hace ser adictos a mantener el engaño en marcha porque se nos hace difícil verlo de frente.

Parece que el paso de los años nos hace poseedores de una diosidad punitiva. Un reflejo claro de lo que hemos mamado y de lo hacemos con nosotros mismos. Y parece que esto no tiene un freno.

Hay una frase en la que creo que dice “no intentes cambiar el sistema actual, eso es imposible. Intenta más bien crear otro sistema que haga que el actual se convierta en obsoleto.” Cualquier sistema como tal, tiene una capacidad y deseo inegociable de perpetuarse, de seguir vivo. Lo mismo nos pasa a nosotros, que como sistemas y aun ante todo el dolor, injusticia, frustración o agresión que hayamos sufrido desde temprana edad, no renegamos de nuestro instinto de mantener la vida. Seguimos adelante.

La pregunta que queda es ¿a costa de qué?

La lista que me surge se hace demasiado interminable. Pero si algo la puede resumir, es lo que los grandes maestros nos llevan insistiendo durante milenios (también milenios) de que tenemos la capacidad para lograr la grandeza, que somos, de hecho, criaturas divinas en un sentido bastante real.” Si algo impide que vivamos de esta forma, es sin duda el rechazo que tenemos y que se nos ha vendido en relación a esta forma espiritual, hacia la misma palabra espiritual. En una sociedad patriarcal la espiritualidad es la gran amenaza. En una sociedad en la que son exaltadas la producción, éxito o racionalidad, solo por comentar algunas, la espiritualidad, que es la que aporta sabiduría, emoción, y sobretodo la mirada hacia dentro de forma amorosa, es la que puede negar la supervivencia del sistema mismo.

Y ¿qué es espiritualidad? Ellen Bass lo define como:

Hay una parte de cada ser vivo que desea convertirse en sí misma, el renacuajo en rana, la crisálida en mariposa, el ser humano herido en ser humano sano. Esto es la espiritualidad.

Si de algo me doy cuenta es que quien se embarca en esta aventura de descubrirse a si mismo, de renovarse y hacer de su vida un camino creativo de crecimiento, no está solo. Y en el camino se descubre que las cosas van a mejor.

Dice Eckhart Tolle en el vídeo del último post que “si para algo sirve el futuro es para conocernos a nosotros mismos”.

“Las grandes metáforas de todas las tradiciones espirituales (gracia, liberación, renacimiento, despertar de la ilusión) testimonian que puedo trascender el condicionamiento de mi pasado para hacer algo nuevo.”                           San Keen

Esto también es realidad. Innegable e innegociable. Tal vez sea incluso este el elixir de nuestra eterna juventud.

Fuente de inspiración: La sabiduría del eneagrama – Don Richard Riso & Russ Hudson

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