La vulnerabilidad es mala

Esta es la idea que de forma recurrente siento que surge en algún momento del proceso de terapia. Es una idea, un pensamiento sobre como tienen que ser las cosas. Pero una idea sólida que tantas y tantas veces impide que experimentemos esa parte más cuidadora de uno mismo.

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A lo largo de nuestro crecimiento, con la educación que recibimos, sin duda nos tenemos que hacer fuertes cuando no recibimos o conseguimos lo que necesitamos. Esta es la tensión que hace que conformemos de forma inconsciente una coraza que nos protege, que nos distancia del peligro y de la angustia para al final negar los sentimientos en general y crear una imagen que narcisísticamente defendemos a toda costa.

Como comenta Lowen, esta negación de los sentimientos se produce sobretodo a partir del bloqueo de la función de percepción del movimiento interno que puede producir un sentimiento. La persona deja de permitir que llegue a su consciencia algo que pueda contradecir su imagen. Dice “En las personas normales, las acciones van ligadas a los sentimientos que las motivan. Sin embargo, en los individuos narcisistas, la acción, disociada del sentimiento o impulso, está justificada por la imagen.

Pero entonces ¿qué es la vulnerabilidad?

Su origen etimológico es vulnus (herida), abilis (que puede) y dad (indicativo de cualidad). Así que se puede definir como la cualidad que tiene uno para poder ser herido. La idea es de que pueden existir en el futuro peligros y riesgos de los que hay que defenderse. Pero el aspecto que también es importante considerar es el de que esos peligros ocurrieron en el pasado y que ante esos peligros nos faltó el acogimiento, la protección o el cuidado que necesitamos. Y a partir de aquí aprendimos que evitar estar en ese estado es importante.

Juan José Albert en su libro “Ternura y Carácter” habla de dos subimpulsos que nos guían en la vida – subimpulso tierno y el subimpulso agresivo. El primero es el que “hace perceptibles a la consciencia los diversos estados por los que pasa la persona”. El segundo “cumple con la función de satisfacer las necesidades de las que da noticia el subimpulso tierno”. Y sigue sobre el subimpulso tierno: “cuando las frustraciones de sus demandas de satisfacción son frecuentes o prolongadas, el niño interrumpirá el contacto consigo mismo, el contacto con su estado amoroso esencial. Cada vez que sienta la tensión de una necesidad, en vez de mantener el contacto y esperar la satisfacción, se predispondrá a la evitación de la experiencia de displacer, de la que guarda memoria a fuerza de repetirse.”

Es así como los estados de vulnerabilidad nos colocan de inmediato ante el recuerdo más o menos consciente de un estado de displacer antiguo, contactando con la angustia de esa carencia. La respuesta es la de mirar para otro lado, desatendernos o escaparnos de nosotros mismos porque de alguna manera sentimos que no nos podemos cuidar en ese momento, tal vez, porque tampoco tenemos presente el cuidado que nos dieron en ese momento, tal vez porque no existió tal cuidado.

Desde la Gestalt se considera que a cada momento nosotros tenemos determinadas necesidades y que una vez cubiertas, otras surgirán. Creo que queda claro lo que puede ocurrir cuando uno ni siquiera sabe, se da cuenta ni es físicamente consciente de su necesidad. Es como quedar en tierra de nadie. Una tierra a la que tarde o temprano volvemos para otra oportunidad más de arraigarnos a ella haciéndola nuestra tierra. El espacio terapéutico es parte de esta tierra, un espacio donde podemos volver a contactar con todo aquello que se nos hizo difícil o no supimos como, un espacio para volver a contactar verdaderamente con lo que soy en cada momento, a respetarme, a darme lo que necesito o a ver que es todo eso que me impide tomar lo que quiero y me es importante.

Una sociedad que pone el énfasis en la producción, éxito, fuerza, todo lo que pertenece al sistema patriarcal, y que valoriza como lo correcto y sano el estar siempre fuerte, es una sociedad rígida con unos límites que sofocan nuestra naturaleza misma de ser humanos para hacernos creer que somos máquinas. Pero no hay nada que cambiar si no empezamos por nosotros mismos y experimentamos el gran valor de estas cualidades que tenemos y que nos acercan a un estado humano más íntegro, más completo y por ello, que permite un cuidado más amoroso y verdadero de nuestra natural fragilidad.

Os dejo con un video de Claudio Naranjo sobre la Mente Patriarcal

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